En el libro "Historia de la Lectura", Gilmont, habla sobre la imprenta y la lectura en la época de la Reforma protestante. Es sabido que la imprenta de Gutemberg trajo consigo muchos cambios de paradigmas y que fue un parte aguas para la Reforma.

Gracias a la imprenta fue posible imprimir la Biblia en lenguas vernáculas y ya no sólo de manera restringida por la iglesia católica en la lengua oficial, el latín. Lutero, con su ideología en contra del discurso de las indulgencias por parte de la Iglesia, se ayudó de la imprenta para difundir su ideología, el poder leer la Biblia por cualquier persona y no de manera ortodoxa por las autoridades eclesiásticas.

Gilmont, al igual que Grafton, se cuestiona si este cambio fue realmente revolucionario, diferente a los cánones que se venían dando en la recepción de la Biblia principalmente. Es cierto que con la llegada de la imprenta se pudo traducir este texto a muchos idiomas y tuvo un alcance regional de gran impacto. Lo cierto es, también, que el público no estaba preparado para leer por sí solo este libro, ya sea por su analfabetismo o por otras razones para adquirir en el mercado la Biblia.

La ideología de Lutero y de Calvino de llegar al pueblo y de llevarle las escrituras directamente fue paradójico, pues el problema de la recepción fue el mismo. Las personas no podían acceder a la lectura directamente, por lo que personas preparadas las leían en público, igual que antes se hacía por parte de los clérigos.

Otra cuestión que se señala en el texto es que además de otorgarle importancia al texto de la Biblia se comenzó a dar auge a los catecismos y a los modos de enseñanza de las escrituras. De igual modo se hacían lectura en público según la interpretación de quienes leían directamente la Biblia. Este proceso causó que quienes tenían el poder de leer directamente este libro hicieran sus propias interpretaciones y escogieran pasajes a su conveniencia para dirigirse al público analfabeta.

Con todo esto se logró que se separaran doctrinas que pensaban diferentes. Diversas sectas con principios particulares lograron atraer creyentes. La lectura en esta época se volvió peligrosa, no sólo para la iglesia católica, sino para el pensamiento de Lutero, quien comenzó con la Reforma. Pues la Biblia caería en interpretaciones que no tenían que ver con su original. Para ello, en los discursos y lecturas públicas también se recomendaba qué leer para no caer en interpretaciones peligrosas.

“A partir del momento en que la práctica de la lectura se generalizó, la relación con el texto evolucionó. Lo escrito pasó a convertirse en un medio de comunicación directa. Era un debate fundamental entre la Biblia del oído y la Biblia de la vista.”

El libro con la ayuda de la imprenta permitió que los reformadores llegaran a un auditorio más amplio, pero de la misma manera en que se rechazaba, es decir que sólo unos pocos tuvieran el acceso directo a la Biblia y luego predicarla a otros que no pudieran. “Esta ojeada de conjunto que hemos llevado a cabo parece conducirnos a dos exégesis contradictorias de la historia de la lectura: la Reforma cambió todo, y la Reforma no cambió nada…”

Por otra parte, Wittman, cuestiona si hubo una revolución en la lectura a finales del siglo XVIII. El contexto: la Ilustración. Este autor hace un recorrido en las formas de recepción d los libros en este siglo.

Aquí podemos ver que las autoridades ya no influían tanto en los lectores, pues la mayoría de estos lo que buscaba en un libro era su entretenimiento y no un aprendizaje como tal. El problema de la recepción también se encuentra en esta época, no es posible determinar los porcentajes exactos de lectores, de analfabetismo.

El inicio de su análisis se plantea la afirmación de que en esta época todo el mundo leía, en cualquier lugar y a cualquier hora. La lectura sí tomó un sentido diferente.

Lo importante en la lectura era lo que podía proporcionar de manera individual en la lectura solitaria. De esta manera hubo obras que influenciaron en los lectores, como las de Goethe, que llevó a sus lectores al suicidio. Las lecturas eran de entrega, se tomaban personales.

El lector de la época buscaba un esparcimiento y una identificación con el autor. Este aspecto lo repudiaba la clase del poder. “Esta clase de lectura fue también para los ilustrados alemanes que se inscriben en la tradición enciclopedistas un acto de liberación frente al sojuzgamiento espiritual del feudalismo”. Las lecturas tradicionales decrecieron. Ahora la lectura sí era una cuestión personal, privada.

Se buscaba el placer intelectual y emocional a través de los libros. El factor emocional fue más importante que otros aspectos en la actividad de la lectura. La mayoría del público tuvo una recepción emocional de los libros, no importaba la calidad de la lectura, sino la cantidad de libros leídos. Sólo algunos sí se interesaron por llevar una calidad de lectura.

“Practicaban una lectura hermenéutica en calidad de ejercicio artístico autónomo, no ya para conformar verdades ya conocidas en el marco del horizonte de sus expectativas, sino para llegar a conocer nuevas verdades, aún ignotas”.

Para Wittman sí hubo una verdadera revolución de la lectura en este siglo, pues “El conocimiento de la técnica cultural que constituye la lectura podía, por una parte, apoyar de un modo masivo esta modelación social, pero ofrecía también posibilidades muy atractivas de escapar individualmente a las exigencias sociales”

 

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