Una vez escuché a alguien criticar el lenguaje soez de las telenovelas colombianas, según los argumentos empleados el uso de palabras vulgares  atentaban contra los valores de la población. Aquella posición me hizo reflexionar sobre lo “pacatos” que somos los venezolanos con respecto a las formas de expresión que nos identifican. En efecto, las telenovelas nuestras regulan el uso de palabras obscenas por unas razones que francamente solo pueden tildarse de timoratas, por cuanto el ciudadano común y corriente sí usa lenguaje procaz y el que no aparezca representado en la “tele” no significa que se elimine de las calles, de la gente, de la cotidianidad. Algo similar sucede con las obras literarias. Nuestros programas educativos están repletos de obras que obedecen a los lineamientos de mantener esa imagen pacata, reduciendo por tanto el campo de acción de los padres y docentes. ¿Cuántas novelas, poemas o libros de cuentos se dejan de llevar al aula porque incorporan frases o dialectos que atentan contra la moral y las buenas costumbres? Incluso la temática erótica representa un estigma de enormes proporciones para los educadores, pues, asignando el libro “equivocado” se pone en riesgo la carrera y en el peor de los casos la libertad. Al desestimar una obra por cuestiones moralistas se está negando el carácter dual del ser humano, el cual no es de un todo bueno o malo. Quienes pierden en todo caso son los muchachos, pues, se les niega la posibilidad de disfrutar obras que aún cuando no pretendan enseñar nada, tienen grandes valores literarios. La cuestión es ¿Cómo determinar cuáles obras deben leer los jóvenes? La respuesta no es nada fácil, y menos con una camisa de fuerza como los programas de formación, no obstante, una posible solución es promover la lectura como fuente de placer para que ese muchacho se forme con el hábito de leer tan arraigado, que cuando ya sea adulto se acerque a los libros con toda libertad y disfrute de todo aquello que éstos le ofrecen. En todo caso es válido preguntar ¿Hasta cuándo actuaremos de manera pacata en aras de preservar unos valores morales que en vez de animar la lectura despiertan sentimientos de aberración hacia ella? Si no recordemos la famosa frase que nos atormentó por años durante nuestra formación escolar: A ver quien me dice ¿Cuál es la moraleja del cuento?

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: