La inquisición

Si hay algo en esta vida que se me ha quedado grabado en la memoria, fue una visita que hice al museo de la Inquisición en Santillana del Mar, en Cantabria. Me cuesta creer que hubiera personas capaces de producir y disfrutar con las atrocidades que se hacían a otras, unas veces por hechos como asesinatos, violaciones, etc, que en ningún momento justifico, pero otras veces era por adulterio, mentiras, por la condición sexual. Recorriendo el museo se me helaba el corazón hasta el punto de tener que salir a tomar aire, tras observar la multitud de instrumentos de tortura que existían, y cómo estos instrumentos de tortura fueron fabricados con el fin de provocar una muerte lenta y dolorosa.

Es sabido por todos, que la Edad Media fue la época dorada de los torturadores. La Iglesia como tal, la católica, apostólica y romana que conocemos todos, en su temprana edad allá por el 1200 pero con mucho poder sobre la sociedad europea, fue encontrando personas que se salían un poco del dogma: eran los herejes. Eran los mismos obispos quienes se encargaban de juzgar y condenarlos. Fue el Papa Lucio III el creador literal del sistema de la inquisición. En el caso de España, fue la Corona quien observó que la inquisición era una herramienta perfecta de control de la gente, así fue en 1478 cuando los Reyes Católicos fundaron el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición con el fin de mantener el dogma católico en todo su territorio: recordemos que por esas fechas España estaba invadida por musulmanes y vivían numerosos judíos, que al no poder vivir en libertad su religión, se vieron vistos a abandonar el reino español o bien someterse al tribunal torturador.

¿Cómo funcionaba el tribunal de la Inquisición? La iglesia, tras su misa de los domingos, daba carta blanca a todos los ciudadanos para confesar sus pecados. A esto le llamaban "edictos de gracia o de fe". Tenían aproximadamente un mes para confesarse, así los castigos no serían tan severos. El problema es que entre los castigos, había uno que era el de dar el chivatazo de otros conciudadanos "herejes". Esta práctica se acabó eliminando, ya que hubo muchas denuncias falsas por envidias o viejas rencillas que acabaron con la tortura o muerte de muchos inocentes.

Pasado este mes de gracia, se detenía al acusado y se requisaban sus bienes. Tras este tiempo, el tribunal de la inquisición se encargaba de juzgar y aplicar el veredicto:
- Si resultaba inocente, se liberaba al reo.
- Si resultaba inocente, pero sospechosos se suspendía y se liberaba al reo.
- Si resultaba culpable, el reo debía pagar penitencia públicamente confesando sus pecados: el castigo podía ser desde el destierro, el sambenito, pagar una multa o condenado a galeras.
- Si resultaba culpable, pero reconciliado públicamente con la iglesia, el reo era condenado a cárcel, galeras o castigos físicos como los azotes.
- Si resultaba culpable totalmente, sin posibilidad de reconciliación con la iglesia, se le estrangulaba con el garrote vil ante el público y después quemado en la hoguera. Si no aparecía arrepentido, se le quemaba vivo en la hoguera.

Todo este sistema inquisidor duró en España 6 siglos, hasta el 1800.

La inquisición

En la INQUISICIÓN, los verdugos utilizaban los siguientes instrumentos de tortura:

  • Método de la cabra: Se ponían las piernas del reo en un cepo, para inmovilizarlo totalmente, y a continuación se le untaban los pies con grasa o sal. A continuación, dejaban entrar a una cabra para que comenzara a lamer con fuerza y con la aspereza de su lengua levantaba la piel de los pies del reo, provocando un terrible dolor.
  • Método de la rata: En esta tortura, se colocaba sobre la barriga del reo una jaula abierta por su base. En su interior se encontraba una rata que venía a ser molestada por los torturadores con fuego. La rata, con el ansia de huir terminaba excavando un túnel en las entrañas del reo.
  • Método gota a gota: Era una tortura larga, en la que el torturador no tenía prisa ninguna y lo único que tenía que hacer, era esperar a que la víctima se viniera abajo. Consistía en amarrar al reo a un poste o a la pared, atarlo fuertemente de pies, manos, cuello y frente; colocándose la cabeza debajo de un caño o grifo que dejaba derramar una gota a un ritmo continuado. Esto provocaba un estado de locura además de terminar erosionando el hueso del cráneo hasta producir la muerte.
  • Método del agua: Se obligaba al reo a ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose el torturador, de un embudo que se le colocaba en la boca. En estas espantosas sesiones se les hacía tragar aproximadamente unos diez litros de agua, provocando un terrible sensación de ahogo que en la mayoría de ocasiones acababa con la explosión del estómago.

 

  • Método de la toca: Fue muy utilizado por la Inquisición española de los siglos XV y XVI. La toca era una tela blanca de lino o seda que se introducía en la boca del reo, intentando que incluso llegara hasta la tráquea, y posteriormente se vertía agua sobre ella, que al empaparse, provocaba en el reo una sensación de ahogo e innumerables arcadas.
  • Método de Fálaris: Consistía en meter a los herejes dentro de una esfinge de bronce o hierro con forma de toro, quemándolos vivos. Esto divertía especialmente a los espectadores, ya que los alaridos de las víctimas se podían escuchar a través de la boca del toro, asemejándose a los mugidos de dicho animal.
  • Método de la Cuna de Judas: Se ataba al reo de las muñecas y los tobillos y se elevaba mediante un sistema de poleas para dejarlo caer sobre una pirámide muy puntiaguda para que con su propio peso se le clavara en el ano, escroto o vagina.

  • Método del péndulo: Las manos de la víctima eran atados a su espalda y por ellas, era elevado. Al balancearse se producía la luxación de los hombros, codos y muñecas. Era habitual añadir peso adicional atando pesas a los pies del reo.

  • Método de la fustigación: Consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara. Se aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien recibido.
  • Método de la garrucha o estrapado:  Consistía en atar al reo con las manos atrás y elevarlo con una cuerda por medio de una polea, de ahí el nombre de garrucha. A la víctima se le colocaban pesos en los pies, para después cuando se encontraba elevado, dejarlo caer de golpe contra el suelo. Esto se repetía varias veces. Al izado, que podía provocar las luxaciones de las articulaciones de hombros, codos y muñecas, hay que sumar las posibles fracturas y magulladuras, en todo el cuerpo y piernas fundamentalmente, que producían las múltiples caídas.
  • Método del potro: el reo era atado de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los dos extremos de este aparato, era estirado lentamente produciéndole la luxación de todas las articulaciones -muñecas, tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas-. Este método, se tiene constancia que se aplicó durante todo el período que duró la Inquisición en los países de Francia y Alemania; si bien ya se conocía desde mucho antes y por supuesto se utilizaba frecuentemente en las lúgubres mazmorras de castillos, prisiones y palacios de justicia.

 

 

  • Método de la rueda: El reo se ataba desnudo a una rueda, de pies manos y cuello al tiempo que el torturador le rompía poco a poco los huesos de sus miembros, que era el objetivo de esta tortura, pudiendo aderezarla con hierros candentes, cortes, mutilaciones y algunas cosas más, que se le pasara por la imaginación. También era habitual, colocar un miembro de la víctima o todo el cuerpo, entre los radios de la rueda y hacerla girar, quebrantándole los huesos. Como remate se podía dejar al reo atado en la rueda a la intemperie, para que los animales carroñeros se lo fueran comiendo poco a poco. Ha sido uno de los instrumentos de tortura más crueles inventados por el hombre.

 

 

  • Método del borceguí: Cubría el tobillo y era abierto por su parte delantera y se ataba con correas o cordones. Consistía en apretar el tobillo del reo mediante varias maderas enlazadas por unas correas o gatos de hierro, para administrar presión, hasta quebrantar los huesos.
  • Método de aplasta cabezas ó cráneos: Casco finalizado en un torno con una manivela. El casco, a su vez estaba colocado en una estructura metálica que permitía que al girar la manivela, fuera bajando. Pues bien, la víctima se tumbaba boca abajo con la mandíbula apoyada en el suelo, colocándosele entonces el casco y se comenzaba a girar la manivela, provocándole la ruptura de los dientes, el quebranto de la mandíbula y de los huesos del cráneo, antes de estrujar su cerebro. El mecanismo por tanto, actuaba como una prensa.

 

 

  • Método de la Doncella de Hierro: Sarcófago provisto de estacas metálicas muy afiladas en su interior, de forma que, a medida que se iba cerrando, se clavaban en la carne del cuerpo del reo que se encontraba dentro, provocándole una muerte lenta y agónica.

 

  • Método del garrote: Consistía en un aro de hierro, con el que se sujetaba contra un poste fijo la garganta del reo, oprimiéndola por medio de un tornillo de paso muy largo hasta conseguir la estrangulación. También el tornillo penetraba en la parte trasera del cuello rompiendo las vértebras y por tanto, la espina dorsal. La muerte podía sobrevenir por dos medios, asfixia o por el quebranto de la columna vertebral de la víctima. En cualquier caso, el sufrimiento estaba garantizado.

 

 

  • Método de la sierra: Se colgaba boca abajo al reo para que el cerebro estuviera bien regado y no muriera desangrado antes de lo previsto. El torturador comenzaba a serrar desde el ano y los genitales hacia el pecho. El acero de dientes agudos de la sierra cortaba fácilmente el cuerpo de la víctima provocándole un gran dolor, si bien el reo no comenzaba a perder el sentido hasta que se había llegado por lo menos al ombligo. Era sanguinolento y muy cruel y fue aplicado fundamentalmente contra homosexuales, de ahí que la tortura comenzara por el ano y los genitales.

 

  • Método de la jaula colgante: Armazón metálico que quedaba suspendido en el aire por un cable. Formaban parte del mobiliario urbano de los ayuntamientos, palacios y cortes de justicia de las ciudades europeas, hasta que poco a poco a finales del siglo XVIII decayó su uso. Era el lugar de honor de aquellos que hubieran cometido alguna acción, que tuviera que servir de escarmiento, burla y ejemplo para el resto del pueblo; o a veces, cuando el pueblo requería justicia sobre algún hecho que hubiera conmovido a toda la comunidad, la manera de manifestar que la autoridad se encargaba de impartirla. El caso es que la víctima, semidesnuda, que quedaba condenada a morir de inanición, tenía que soportar las inclemencias del tiempo. En ocasiones, tenía también que compartir su jaula con gatos salvajes y otros animales que eran azuzados por los torturadores; otras veces, eran las gentes del pueblo los que, entre otras cosas, lo apedreaban.

 

  • Método de la pera: Instrumento con forma de pera que una vez introducido en boca, vagina o ano, comenzaba a abrirse gracias a un mecanismo giratorio. Además, en sus puntas gozaba de unos pinchos o púas que desgarraban la traquea, útero o el recto, dependiendo por la zona en la que fuera introducido. La modalidad oral de este invento, era aplicada a las personas que habían obrado mal de palabra, es decir, herejes, ortodoxos...; la anal, a los homosexuales; y por supuesto la vaginal a las brujas que habían mantenido relaciones sexuales con el diablo, prostitutas, adúlteras o mujeres que habían mantenido relaciones incestuosas.

 

 

  • Método de las Garras de Gato: Especie de rastrillo de puntas afiladas que arrancaba la carne a tiras de las víctimas desnudas, que colgaban por sus muñecas suspendidas en el aire. En ocasiones, dependiendo de la destreza del torturador se llegaba incluso a separar la carne de los huesos.

 

  • Método de la crucifixión: la más conocida consiste en fijar o clavar al reo en una cruz. Generalmente la víctima moría por inanición, aunque sufría las inclemencias del tiempo al encontrarse a la intemperie, además de estar expuesto a los escarnios del pueblo, que ocasionalmente podía apedrearlo.
La inquisición, sin ninguna duda, es la peor de las atrocidades de la historia, y curiosamente, la mano ejecutora fue la iglesia.

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