por Polo Maldonado-Martínez

En la televisión, en uno de esos programas de The History Channel o Discovery Channel, recientemente escuché decir a un científico fanático de la Inteligencia Artificial que cuando las máquinas se volvieran más inteligentes que los seres humanos, no nos quedaría más remedio que convertirnos o en esclavos o mascotas (de los nuevos dioses, las máquinas con IA), o en su comida, o quedarnos fuera.

The Matrix revivido a la n potencia con una enorme diferencia: las máquinas van a aparentar mandar, y los científicos se van a lavar las manos, y dirán: “ellas fueron”.

Y por supuesto, su retórica nos muestra la causa por el efecto: de esta manera no van a ser responsables por sus decisiones ni mucho menos por sus actos, sino que van a culpar a las máquinas por ellos, si salen las cosas mal o hasta si salen bien.

Claro que el hecho de que el científico que programa la computadora para que resuelva problemas por sí misma siempre sea más inteligente que la máquina, y que los seres humanos seamos expertos en descifrar los significados del código cósmico, y en consecuencia, los significados de nuestras propias creaciones, o sea, los hechos, lisos y llanos ni siquiera están siendo tomados en cuenta por estos individuos.

El científico, técnico, ingeniero que creó y desarrolló uno o más procesos de Inteligencia Artificial siempre es más naturalmente inteligente que la máquina que él creó. Lo que pasa es que utilizó una metáfora muy útil para imitar con la máquina las acciones de los seres humanos que en su conjunto llamamos inteligencia.

Aquí las podemos llamar Inteligencia Natural.

Es más, si logra producir una máquina que produzca otras máquinas inteligentes, de todos modos, su Inteligencia Natural será aquélla que les dio origen.

Y sin embargo, los científicos, los técnicos, los ingenieros, insisten en utilizar una metáfora que, como todas las otras metáforas, son útiles en la medida en que nos lleven a nuevos descubrimientos (ya sean poéticos, filosóficos o científicos). Dicha metáfora (la Inteligencia Artificial es igual a la Inteligencia Natural del Ser Humano) ha sido tan útil como lo fue para la Iglesia Cristiana la metáfora “Ésta es mi Sangre y Éste es mi Cuerpo” (y que no constituyó, ni sola ni necesariamente, ni vampiros ni caníbales, sino algunos San Juan de la Cruz y Santo Tomás) y para la ciencia newtoniana “El universo es un reloj” (y que no sólo constituyó relojeros, sino ingenieros y científicos, y uno que otro Newton, y unos rebeldes Plank y Einstein que rompieron la metáfora en pedazos…con otras metáforas).

Pero cualquier retórico experto y cualquier poeta saben que no son más que metáforas.

¿Qué se esconde detrás de la aseveración: “las máquinas serán más inteligentes que nosotros y, por consiguiente, se convertirán en nuestros amos?

Es una especie de wishful thinking porque los científicos, técnicos e ingenieros se consideran a sí mismos los “más inteligentes” porque producen máquinas y robots “inteligentes”, y ni así trabajan para sí mismos. Bill Gates es la excepción que confirma dicha regla, y qué bueno: la serie de James Bond está dedicada a mostrar el temor del imperio inglés ante el científico loco del que pierden el control los gobiernos, o sea, el gobierno británico.

Y sin embargo, ¡cómo han trabajado para producirlos!

Pues lo que los "científicos" están diciendo es que ellos (que son los más inteligentes naturales, por supuesto) van a controlar los programas de la Inteligencia Artificial y que ellos van a mandar pero, a la vez, declaran encubiertamente que son "humildes": pretenden convertirse, junto con todo el resto de nosotros, en esclavos o en mascotas de sus propias creaciones, para no quedarse “fuera”.

Pero van a mandar. Eso está claro. Aunque no lo digan.

Piensan que han trabajado demasiado tiempo (desde la época de los alquimistas hasta el Proyecto Manhattan y hasta la época post guerra fría) para otros (políticos brutos, militares dementes): la Inteligencia Artificial es su camino hasta el golpe de estado mundial que piensan los pondrá en el poder.

La Inteligencia Artificial se ha convertido así en una bandera política y militar de conquista de las mentes de los seres humanos.

Su solución: acabar con la política y con los políticos –por ineptos—a través de sus máquinas “inteligentes”.

La Inteligencia Artificial es un artificio de los científicos para independizarse y poner su propio changarro, sin la molesta necesidad de ser responsables de sus actos.

Así que el problema no es si las máquinas piensan, sino si los seres humanos (en específico los científicos, técnicos e ingenieros) renuncian o abdican a pensar, y pierden la capacidad de ser responsables de sus actos.

Pensantes o no pensantes, los científicos, técnicos e ingenieros quieren ejercer el poder. Es ésta una campaña militar y política disfrazada de tecnología y ciencia.

Leyendo su retórica científica desde el punto de vista de un modelo histórico, se ve claramente que planean convertirse en mamelucos: aquellos esclavos militares quienes se convertían al Islam y servían a los califas musulmanes por ahí por los siglos 9 y 13, pero que escalaron hasta convertirse en casta gobernante allá en Egipto por esos años.

Nuestros científicos, técnicos e ingenieros planean convertirse en los mamelucos de la Inteligencia Artificial pero de la minoría en el poder, en un coup d’ etat tecnológico.

Estos tipos están planeado una tiranía tecnológica en la que los seres humanos no sean más que sus robots obedientes, puesto que el plan es hacer que una especie de "chip de la felicidad" sea implantado en los “enfermos mentales” y que se pongan "contentos y felices" con dicho chip. Eso se dijo en el mismo programa cultural de la TV por cable.

José Delgado ha hecho desarrollos espeluznantes al respecto con su “stimoceiver” para controlar cerebros, en acción.

Nos están prometiendo la felicidad eterna bajo su mando, oculto en una bonita tiranía tecnológica, la "búsqueda de la felicidad" de Leibniz y Thomas Jefferson, lograda gracias al chip y a otras maravillas tecnológicas, entre ellas, las drogas psiquiátricas en parches, por ejemplo.

Eso están diciendo.

Su retórica es clara: plantean una revolución para establecer una tiranía de la IA, ponerles chips a los bebés, a los niños, a los adultos, para que obedezcamos y nos convirtamos en "mascotas o esclavos" de las máquinas (o sea, de estos tipos). Si le agregamos lo que nos tienen reservado en cuanto a The Brave New World of Genetics, nos podemos imaginar el esplendoroso nuevo mundo que nos heredan.

Sus manifiestos políticos de conquista son múltiples, y los psicólogos y psiquiatras actuales no tienen nada qué hacer frente al nivel de control que previenen. De hecho, si uno le pregunta a una psicóloga (yo lo he hecho) si le entiende a la serie Matrix, dirá que es una jalada, y que no tiene ni pies ni cabeza. Es obvio por qué es eso así: los psicólogos han sido entrenados en la existencia materialista de un solo universo y ya; no pueden concebir la creación de nuevos universos tales como sí han sido concebidos por los físicos actuales.

La revolución comenzó, y los psicólogos todavía no la entienden.

Por supuesto, nada garantiza que el dichoso "chip de la felicidad" no se convierta en sus manos en un "chip de la tortura" y que utilicen las máquinas "más inteligentes que nosotros" para hacernos creer de veras que sí son "más inteligentes que nosotros" y así obedezcamos cualquiera de sus caprichitos.

Será un totalitarismo inimaginable, si lo permitimos.

Asombrados por sus logros en robótica, en medicina y en otras áreas de la supervivencia humana, la población no parece haberse dado cuenta del terrible riesgo que está corriendo en manos de unos fanáticos del poder basado en la tecnología, que pretenden acabar con toda libertad humana (como lo postularon Bertrand Russell, Aldous Huxley y George Orwell, los tres británicos que con o sin pretensión crítica, crearon parte de esos escenarios) para producir una esclavitud genética y de la IA.

Sin embargo, cualquiera que se haya embarcado en investigar un poquito de lo que se estudia en la IA se siente fascinado por sus descubrimientos: son útiles para aclarar y esquematizar el conocimiento en grados en los que jamás se había hecho en la historia de la Humanidad.

Ahí no yace el problema.

El problema se encuentra en que dichos descubrimientos quedarán en manos de un sacerdocio tecno-mameluco, debido a la complejidad del conocimiento y la erosión del sistema educativo.

Cuando no podamos producir científicos que entiendan su propia creación, la esclavitud tecnológica quedará en manos de ineptos. Y se volverá automática.

No hay problema con la investigación en el campo de la IA en tanto los científicos, ingenieros y técnicos que la llevan a cabo, dejen de tratar de hacerse robots (y hacernos robots) respecto a que las máquinas vayan a mandar y sean la siguiente generación evolutiva.

Nos quieren ver la cara de robots. Y pretenden hacernos creer sus propias ficciones.

Lamentablemente, como toda metáfora tomada literalmente (en lo que se llama “grado cero”, esto es, tal cual, aquello que se expresa en lenguaje llano) se convierte en una trágica tontería: la enfermedad mental como “enfermedad orgánica” (y los psiquiatras como médicos que por eso dan drogas, abren sesos y dan electrochoques); la brujería (como de veras posesión diabólica y herejía); la hostia como carne, el vino como sangre, (y el inquisidor torturador secundario como “sacerdote de veras”, aunque verdadero caníbal y vampiro) y la Inteligencia Artificial como Inteligencia Natural.

El colmo de la redefinición de palabras (en este caso metonímica, disyuntiva, pues no hay relación ni biunívoca ni elementos comunes) ha sido la idea de Psique que pasó de ser “alma” a convertirse en “estímulo-reacción glandular sin el criterio consciente del individuo”: un oxímoron.

La psiquiatría es una mala praxis intencionada que sólo produce reacciones adversas a sus “medicamentos” y terribles síntomas de retiro, sin contar con el resto de sus terrapias: electrochoque, camisas de fuerza, etc.

De esta forma, con la metáfora de la “Inteligencia Artificial” los científicos, los técnicos, los ingenieros revelan que su propia responsabilidad no existe: no son causa de nada, y se vuelven lo mismo inimputables que impunes.

Tiran la robótica piedra y esconden la tecnológica mano.

Esto ha sido promovido por muchísimas obras de ciencia-ficción, algunas estupendas, otras chafas, muchas de las cuales nos hablan de la irresponsabilidad, inimputabilidad e impunidad de los científicos, técnicos e ingenieros respecto a la política, y cómo recaerá en las máquinas y no en los seres humanos. Y peor tantito, otras ni siquiera nombran la existencia de la verdadera causa del problema

Pero que de todos modos, ellos, bajita la mano, mandarán.

La política jamás podrá ser de las máquinas (la palabra quiere decir originalmente ciudad, y se refiere a la distribución racional del poder entre seres humanos).

Sólo los seres humanos pueden hacer política así como sólo los seres humanos pueden hacer ética (no moral, que es realmente automática de una cultura).

Los seres humanos somos responsables por nuestros actos (por eso somos imputables, y en consecuencia punibles, esto es, castigables o premiables), y algunos de esos actos producen máquinas que cada vez más automáticamente, nos libran de actividades onerosas y hasta aburridas por repetitivas.

De hecho, digan lo que digan las feministas, las mujeres han sido las más beneficiadas y liberadas por la acción tecnológica.

El punto es que, a menos que los científicos dejen de considerarse personas, esto es, seres pensantes, pues podrán considerarse a sí mismos responsables por sus actos, y algunos de sus actos se denominan “Inteligencia Artificial”.

Sin embargo, la tendencia es la opuesta.

Big Blue, por ejemplo, no le ganó a Karpov: le ganaron el equipo de IBM que la programó y la campaña de guerra psicológica que armaron para derrotarlo, en tanto que las acciones de IBM se iban hacia el cielo, y la empresa regresaba al campo de batalla del que la había retirado Microsoft.

Si los científicos dejan de considerarse personas y en consecuencia dejan de considerarse a sí mismos responsables de sus actos, harán cualquier cosa, y eso es un peligro supremo para la Humanidad: esclavos-mascotas (científicos, técnicos, ingenieros), en el poder, inimputables e impunes, que consideran a las máquinas como sus amas, a la vez que como sus armas, mientras las programan para esclavizar a la Humanidad. Es eso el colmo de la corrupción, y no es automática. A ver si nuestros políticos actuales y los seres conscientes de este planeta se lo permiten…

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