Rudolf Nureyev y su ballet:

El bailarín clásico del siglo XX y según muchos críticos de la danza clásica, el mejor que jamás ha existido.

Rudolf Nureyev nació en un tren, mientras su madre estaba de viaje desde Siberia a Vladivostok, donde se encontraba su padre. De niño empezó a bailar danzas típicas del folklore bashkirias, siendo ya un bailarín destacado.

Hasta el año 1955 no pudo comenzar sus estudios, en ese mismo año ingresó en la Academia Vagánova de Ballet en Leningrado, siendo un aprendiz del maestro Aleksandr Pushkin. Al cabo de un par de años, ya era considerado uno de los bailarines rusos más conocidos, y poco después actuó en Viena en el Festival Internacional de la juventud.

 

En 1961, su vida dió un giro inesperado. Nureyev fue elegido para sustituir al bailarín principal del Kírov, en Paris. Su actuación dió tanta impresión y pasión al público. Pero Nureyev, incumplió la normativa de no asociarse con extrangeros, así que el Primer Ministro Jrushchov ordenó su asesinato.

Una semana después, Rudolf fue contratado por el Grand Ballet du Marquis de Cuevas donde actuó en la Bella Durmiente conviertiendose en una celebridad. También tuvo una relación profesional con Margo Fonteyn la cuál lo introdució en el Royal Ballet de Londres. Hizo su debut cinematográfico con Les Sylphides y también comenzó danza moderna en el ballet nacional de Holanda y debutó como director de la producción Don Quijote. También fue nombrado director del Ballet de la Ópera de París.

El final de Rudolf Nureyev:

Cuando el VIH apareció en 1982, Rudolf Nureyev y otros muchos homosexuales  contrajieron el virus. Cuando en 1990 su patología era realmente evidente, se negó a aceptar tratamientos disponibles, así que aceptó que se estaba muriendo. A pesar de su empeoramiento, continuó apareciendo públicamente hata que meses más tarde de su última aparición en el Palacio Garnier de París, a sus 54 años abandonó la vida.

 

 

 

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