hermanas touza

HERMANAS TOUZA: GALLEGAS VALIENTES Y SOLIDARIAS

   Las hermanas Touza regentaban la cantina de la estación de ferrocarril de Ribadavia (Orense) en los años en que tenía lugar la II Guerra Mundial. Sus nombres eran Lola, Amparo y Julia. Ninguna de las tres hermanas se casó. Lola tuvo un hijo de soltera, al cual crió ayudada por sus dos hermanas, por eso a las tres las llamaban "las madres". Lola era la mayor, la más guapa, y la más carismática. Ella fue la que un día de abril de 1941 se fijó en un hombre joven y extranjero de ojos azules y mirada triste y desesperada que llevaba varias horas en un banco del andén. Lola Touza fue la que, llevada por la solidaridad, y pese a no entender el idioma del aquel hombre, lo llevó a su casa y le dio cobijo. Se llamaba Abraham Bendayem. Tenía marcado el número 451 en el brazo. Era alemán, judío, y había logrado huir de un campo de exterminio nazi junto con un español al cual los nazis habían acribillado a balazos en su huída.

 

estación Ribadavia

   Lola Touza explicó a dos amigos suyos la necesidad de sacar a aquel hombre de España. Sabían que varios agentes de la Gestapo se habían desplazado a Galicia, en su busca. Y la huída por el cantábrico era muy arriesgada porque estaba muy controlado por los alemanes. Lo mejor era ayudarle a pasar a Portugal y que desde allí cogiese un barco hacia América. Una noche, los amigos de Lola Touza dieron a Abraham una caña de pescar y le dijeron que no hablase. Los tres simularon ir a pescar al Miño, algo que a veces hacían también otras personas y que no levantaba sospechas. Caminaron durante horas con él hasta Portugal, donde embarcaría hacia la libertad.

   Abraham Bendayem fue el primero, pero no el único. Lola Touza y sus hermanas decidieron entonces ayudar a escapar a judíos de una muerte segura en manos de los nazis. Se convirtieron en el tramo decisivo de una red clandestina de fuga de judíos que atravesaba España. Empezaba en los Pirineos por Gerona, hacía escala en Medina del Campo y llegaba hasta Ribadavia (Orense). Desde allí, las hermanas Touza arriesgaban su vida para atenderlos y facilitarles el paso a Portugal. Les ayudaron dos taxistas llamados José Rocha y Javier Mínguez "el Calavera", un barquero de nombre Ramón Estévez, y un emigrante retornado que hacía de intérprete, Ricardo Pérez "el Evangelista". Héroes todos ellos.

río miño

   Una vez en Ribadavia, las hermanas Touza acogían a los judíos escapados en el sótano de su casa, donde les acondicionaron un alojamiento como bien pudieron. Allí los atendían y les proporcionaban alimento hasta que se daban las circunstancias favorables para llevarlos clandestinamente a Portugal. Para sufragar estos gastos, las hermanas Touza montaron en su casa un baile-casino. La vida en la España de la posguerra no era precisamente boyante y necesitaban dinero para ayudar a estas personas. Lo necesitaban para mantenerlos esos días, para su transporte hasta Portugal, y para darles algún dinero en mano para el billete de barco y para vivir hasta llegar a América. Estas hermanas gallegas lograron salvar a unos 500 judíos. De promedio salvaban a dos judíos por semana durante los cuatro años en que existió la red de fuga, entre 1941 y 1945.

ribadavia

   Sin embargo las hermanas Touza no contaron esto a nadie. Tampoco lo hicieron sus cómplices taxistas ni el barquero ni el emigrante retornado. Todo esto no se sabría si no fuera por una de esas carambolas de la vida. Un comerciante alemán judío residente en Nueva York, llamado Isaac Retzmann había hecho amistad con un gallego. Y cuando supo que éste regresaba a su tierra, le pidió muy encarecidamente que saludase a las hermanas Touza de Ribadavia y les agradeciese de su parte el haber salvado su vida. El gallego, de nombre Amancio Váquez, una vez en Galicia, hizo indagaciones y contó la historia a un librero de Vigo llamado Antón Patiño.

   Durante años, Patiño recopiló los datos de esta historia y se entrevistó con las hermanas Touza. Pero nada salió a la luz pública hasta el año 2005 en que publicó el libro Memoria de Ferro en el que relata la historia de las hermanas Touza. El hijo de Lola ya había fallecido, por lo que nunca llegó a saber de la hazaña realizada por su madre y las hermanas de ésta. Sus hijos, nietos de Lola, son los que ahora representan con orgullo a la familia Touza. Son Guillermo, Julio e Inés Touza, los descendientes de estas valientes hermanas que arriesgaron su vida desinteresadamente por salvar a medio millar de judíos de los horrores nazis.

campo de concentración nazi

Reconocimiento a las hermanas Touza

   En Israel se plantó un árbol en recuerdo de Lola Touza y sus hermanas, junto con otros árboles que recuerdan a otras personas que realizaron gestas similares, en el llamado Centro Peres por la Paz. Sus nietos recibieron un diploma acreditativo. Se está tramitando dar a las hermanas Touza el título de Justas entre las Naciones, el máximo reconocimiento que da el estado de Israel a las personas que arriesgaron su vida por ayudar a escapar a judíos del holocausto nazi. Además, Ribadavia en el 2008 honró la memoria de las tres hermanas, ya fallecidas todas, en un acto en el que se dedicó a estas luchadoras por la libertad una placa de bronce, para orgullo de Ribadavia y de Galicia.

  Se da la circunstania de que en Ribadavia durante la época medieval existió la mayor comunidad judía de Galicia y una de las más importantes de España. Pero eso es sólo una de esas casualidades de la vida, no fue algo que tuviese que ver con la hazaña de las hermanas Touza. Actualmente se prepara una película internacional que narra la historia de las hermanas Touza.

árbol en israel por las hermanas touza

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