Yenné, la ciudad del barro

YENNÉ yace escondida en las llanuras del corazón de Malí, como un espejismo que surge del calor del desierto. Yenné sufre cambios en su emplazamiento según la época del año, aunque la ciudad siempre es la misma. Durante varios meses, uno de sus ríos más cercanos: El Banni, discurre con muy poco caudal por esta llanura, prolongandose lentamente hasta el horizonte. En estos mismos meses, empieza a llover en las montañas de Guinea y Costa de Marfil, provocando semanas despúes, grandes crecidas que se desparraman por Malí. Entonces, Yenné se convierte en una isla.

Hoy en día, la ciudad mantiene su estructura con casas concentradas alrededor de la gran mezquita. Excepto algunos edificios modernos, las construcciones están echas con banco(una mezcla de paja, arcilla y aceite).

Toda la ciudad esta echa a manos de los baris, una estirpe de trashumantes, transmitiendo los conocimientos de padres a hijos. Ellos dicen que no diseñan los edificios, sino que los sueñan. Los baris siguen trabajando exactamente igual que siglos atrás, cuando Yenné se llamaba Yenné-Yenno.

La construcción más soberbia es la mezquita, erigida no hace mucho, pero en el mismo lugar que otra anterior. Su cuidado es colectivo y dicen que cuando la ermita fue levantada, en su interior cabían todos los habitantes de Yenné. Durante la estación húmeda, las lluvias arrastran la capa externa del banco. Los vecinos vuelven a recubrir todas las viviendas y la ermita en la estación más seca. La vista de estos edificios con sus aristas redondeadas se alarga así por varios meses, haciendo una arquitectura única.

Las estrechas calles de Yenné, se unen formando laberintos para que el sol no tenga acceso, pudiendo pasear siempre en la sombra. En las noches, son alumbradas únicamente con el resplandor de la luna.

La tranquilidad de esta ciudad se ve agitada todos los lunes con el mercado más potente de África occidental. Desde muchos lugares distintos, se reunen comerciantes y peregrinos. Las mujeres se recargan con pesados pendientes de oro, porque no solo este mercado sirve para comerciar, sino que es un notorio punto de encuentro de personas y noticias.

Este  alegre mercado, en el que se oyen varios idiomas, despliega sus puestos cargados de dátiles, cacahuetes, nueces de cola, sal y azúcar entre otros.

Tanto en Yenné, como en las aldeas cercanas, aun se oyen historias vivas de otras épocas, cuando su cultura dominaba el continente.

YENNE, LA CIUDAD DEL BARRO

 

 

Yenné, la ciudad de barro

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