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YEMAS DE SANTA TERESA

   Las yemas de Santa Teresa, elaboradas en la ciudad de Ávila, son uno de los dulces más exquisitos de la geografía española. Su origen data del siglo XIX, y aunque en algunos momentos se dijo que las primeras en elaborarlas fueron las monjas de un convento abulense, más tarde se descartó esta suposición y parece demostrado que fue en una pastelería de Ávila donde se originó este dulce. El nombre de Santa Teresa asignado a estas yemas no parece responder a un origen monacal de las mismas, sino al simple hecho de ser Santa Teresa un emblema de la ciudad de Ávila.

   Fue en 1860 cuando estas yemas empezaron a ser comercializadas con el nombre de Yemas de Santa Teresa, convirtiéndolo después en marca registrada. El artífice se llamaba Isabelo Sánchez y era el dueño y fundador de la pastelería La Dulce Avilesa, que aún existe aunque su nombre fue posteriormente cambiado por el de La Flor de Castilla, nombre que perdura hasta ahora.

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   Las yemas de Santa Teresa son del mismo color que las yemas de los huevos, amarillo anaranjado, cubiertas con una capa de azúcar glas. Cada una pesa entre 18 y 20 gramos, y su forma es redondeada, aunque no son esferas perfectas, ya que se elaboran de manera artesanal. Es un verdadero placer de dioses degustar estas yemas que se derriten en la boca con un sublime sabor dulce pero no empalagoso. Están confeccionadas con yema de huevo, azúcar y zumo de limón, pero la receta exacta sólo la saben los dueños de las actuales tres pastelerías La Flor de Castilla, que transmiten el secreto de padres a hijos.

   La comercialización de estas yemas se realiza en pequeñas cajas de 12 unidades donde cada yema reposa sobre un pequeño envase de papel blanco y además cada una tiene un compartimento independiente dentro de la caja. La hoja que cubre las yemas dentro de la caja está ilustrada con un sencillo jeroglífico que una vez resuelto dice "Yemas de Santa Teresa, la Flor de Castilla".

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Yemas de Santa Teresa, admiradas en España y en el extranjero

    Cada año se fabrican y se venden unas 250.000 cajas de yemas de Santa Teresa. El período entre julio y octubre es el de mayores ventas al ser la época anual con mayor número de visitantes en Ávila, la ciudad de la muralla medieval. La mayoría de los visitantes ven en estas yemas el souvenir más típico para adquirir durante su visita a Ávila. Las yemas que se elaboraban en tiempos más antiguos caducaban muy pronto y era complicado transportarlas lejos de Ávila y degustarlas dentro del plazo establecido. Pero después de trabajar mucho en la búsqueda de una conservación más larga sin aditivos, se ha conseguido que tengan una duración de 60 días, sin haber añadido ningún conservante. De esta manera es más fácil exportarlas por toda la geografía española e incluso algunos puntos del extranjero, donde la demanda está aumentando.

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