Zapatero dice que está contento con el equipo que tiene. Pero hemos perdido todos los encuentros por goleada. Como si jugáramos sin portero;  ninguno sabe parar los balones que van a puerta, y nos entran por todos los lados. Nuestro Presidente siempre mira al público para salir guapo en las fotos, por lo que no se entera de cuando le lanzan la pelota. Sólo la toca para sacarla de la red; es entonces cuando echa las culpas a los demás. Que si me habéis dejado solo, que si ha botado mal (botado, que no votado), que si me ha deslumbrado el sol, que si el viento…Cualquier cosa, menos asumir sus fallos.

Luego, la defensa. Vicepresidentes de futbolín que dejan demasiados huecos entre ellos y no saben correr una banda; se limitan a despejar  cuando lo tienen encima, sin tener en cuenta los rebotes. La mitad de los goles los introducen ellos en su propia portería, pues no tienen claro ni qué partido juegan ni que colores defienden.

En el centro del campo nos faltan organizadores, gente que conozca el manejo y que sepa distribuir el juego. Son peloteros malos, sin sustancia, ministros de relleno que están ahí porque en algún sitio hay que ponerlos. Ni uno piensa cuando tiene el balón; se lo quita de encima porque le quema, y no mete la pierna, no vaya a lesionarse y quedarse fuera del equipo y del reparto de primas.

¿Y la delantera? Madre mía, la delantera. Pinocho con carcoma en las dos piernas y botones en vez de ojos remata mejor que cualquiera de ellos. Salvo contadas ocasiones en las que desde el Interior se trenza alguna jugada espectacular, lo demás es estrategia de patio de infantil. Pollos sin cabeza (y el que la tiene no la usa) corriendo detrás de una pelota que no para de moverse. Un desastre. Así no sería de extrañar que descendiéramos tres categorías de golpe. Pero el Presidente está contento con su equipo. Dios nos libre.

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