Si te vuelves a ir, llévame contigo, no me dejes; anda por donde quieras, es que te es inevitable y te lo legaron tus ancestros y sabes que lo que tú quieres a veces me encanta, por eso, por eso hemos podido vivir juntos, tanto en la lluvia, como en el sol de los días; pero si te vuelves a ir, llévame contigo, yo tampoco te dejaré cuando me vaya, te lo prometo, te llevaré de ahora en adelante conmigo; ¿sabes? cariño mío, por ahora te llevo ya, en los sueños planeados a mil ciudades, y cuando ellas sean mi destino, yo te llevaré conmigo, no te dejaré, claro!! que no te dejaré, porque tú, extraño, hombre, otro, delirio mío, eres mi madrugada y la alegría del alba; dime si conoces dónde, ¿dónde en este mundo existe un día sin noche, una noche sin madrugada, y una madrugada sin día?

Entonces, si te vuelves a ir, llévame contigo, no me dejes, no me dejes más, y si yo me quedo aquí, quédate conmigo, no quieras dejarme más.

Eres mi cobijo, eres mi silencio, eres mi catilinaria, eres el espejo de mis labios buscando su sonido, eres la llovizna que renueva la primavera en mi mirada, eres la risa compartida, eres tú, dulzura mía, una vida, diferente a la mía; pero aquel pajarillo que mentan, me comenta que tu vida y la mía, reflejan un abrazo que el universo bendice, por eso, por eso creo, que abandonarnos es un crimen, porque el tiempo es finito, cuando ya no somos los de antes.

Es maravilloso, es nuestro tesoro, cómo ambos sabemos ser felices, hemos logrado atravesar el temor que sobreabunda en las gentes; escuchaba decir a algunos, no, no quiero dejar de trabajar, porque, qué haré entonces, sin sospechar ellos, que el entonces que queda, es el de las dichas más preciadas, el de las luces y aguas que brotan de nuestro ser escondido, cuando descubrimos justamente que eso somos, luz, vida, amor, imagen del cielo, y no obligaciones, funciones, labores, de ese mundo que inventamos los humanos cuando nos moríamos de miedo.

Tú, mi amante, amado, amoroso y cariño mío, apareces en mis sueños para besarme cuando te has ido, como si lograras cuidarme aun cuando estás lejos, y hasta usurpas la morada de los personajes que juguetean en esos sueños, con los que me arrullo mientras sonrío y duermo, o también pasa, que me invades en el instante en que cierro un segundo los ojos y suspiro, y resulta, resulta que no eres tú, mi martirio aunque me enfades, ni eres un extraño, ni tampoco mi enemigo, eres, amado mío, el azul de la luz del sol, eres la brisa de este cielo que quebranta, de mi cielo, del concepto que sustenta toda definición incierta que hoy permite que acierte si digo, que quizás, eres parte de un ser tan feliz como el que se refleja en este espejo del baño, al peinarme para salir ya, a encontarme contigo.

Otros dicen filosofando, que nadie hace feliz a nadie, es cierto, nadie tiene el poder único, en él, de hacernos felices, si de hecho, ya en sí mismos, no somos felices, es algo tan refractario, como decir que nunca sonreirás, con nadie en serio, si antes no te has sonreído, o que nadie te dará, lo que antes no has aprendido a recibir de tí mismo.

Pero hoy creo que es viable decir que si bien, no es posible ser feliz con otro, o en otro, con el querido otro, si no es que se ha conquistado la dicha en los vacíos propios, también que cuando la conquista propia fue hecha, es real la felicidad con otro, tánto como el cierto maticillo que ella toma, cuando te digo que SI TE VUELVES A IR, la única posibilidad existente es decirte, LLEVAME CONTIGO, o no te vayas, entonces.

llévame contigo

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