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La comunidad Emberá Quera que se encuentra en Panamá se compone de varias familias que viven en un poblado que se nutre especialmente del turismo. El chamán de esta tribu asegura una limpieza total de los malos espíritus con una alimentación compuesta con recetas ancestrales y una serie de actividades entre las que se encuentra conocer plantas naturales que curan la impotencia y otras muchas cualidades. Esta comunidad ofrece convivir con ellos, con las 25 familias que viven en cabañas sobre un suelo natural de tierra donde pasean gallinas, niños y perros en total libertad conviviendo con la naturaleza.

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Acompañados del chamán que hace de guía se realizan paseos por los bosques reconociendo las plantas medicinales más importantes para la salud y luego se hace un alto para comer yuca a la brasa envuelta en hojas de palma acompañada con arroz. En el centro del poblado se encuentra la palapa gigante que es la casa comunal o casa de la cultura emberá donde se discuten los problemas de la comunidad y donde los turistas pueden participar y empaparse de las tradiciones y costumbres ancestrales de esta comunidad.

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Junto al lado de esta construcción se encuentra otra hecha con hojas de palma donde se venden las artesanías que realizan las mujeres para conseguir ingresos. Una parte de ellos van a las familias y otra a la comunidad para realizar mejoras o plantar alimentos que son los que componen la dieta de esta población y los platos elaborados por ellos que ofrecen al visitante. Son muchas y diferentes las artesanías que se pueden adquirir, pendientes, collares, cestas de fibras vegetales, esculturas talladas con maderas autóctonas, telas con dibujos geométricos copiados de la misma naturaleza, etc.

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En los talleres donde se realizan estos trabajos se puede participar y observar como se fabrican estos artículos con técnicas muy antiguas que se pierden en la noche de los tiempos. Y también todo el mundo puede unirse a las danzas tribales en homenaje a la madres tierra alejando al danzar los malos espíritus que según sus tradiciones puedan traer los forasteros. Al son de bongos, tambores, y flautas se siente el visitante como transportado a un mundo diferente donde no interesa el progreso ni el afán para atesorar riquezas.

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