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La supervivencia la protege el miedo y existe una lesión en la amígdala que impide que algunas personas (afortunadamente muy pocas) lo sienten por lo que ponen peligrosamente en riesgo su vida. No obstante, el resto de emociones las conservan intactas. Fueron Erich Urbach y Camilo Wiethe los que descubrieron en 1929 esta enfermedad genética poco frecuente aunque existían casos anteriores que no habían sido identificados correctamente.

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Desde que se descubrió la enfermedad solamente se han descubierto unos 400 casos lo que demuestra que esta enfermedad se produce con poca frecuencia. Su origen se encuentra en la mutación del cromosoma 1 que afecta a ciertas proteínas del espacio extramuscular que se encuentra entre en todos los órganos del cuerpo y en ocasiones produce daos en la amígdala. Las personas que sufren la enfermedad se pueden detectar al presentar los labios amarillentos, abultamientos junto a los ojos, dificultad en cicatrizar heridas y una ronquera permanente.

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Esta enfermedad que de momento no tiene cura (solamente se ha conseguido suavizar) no interfiere en la parte intelectual de las personas que la sufren, no obstante, son extremadamente confiados al no detectar situaciones donde se corre peligro. Las lesiones que afectan a la amígdala no causan el autismo, no obstante, los expertos consideran algunos aspectos que se podrían relacionar con este. Pese a los muchos avances sobre esta extraña enfermedad aún queda mucho por investigar.

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