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La vida y sus decepciones

Cual de nosotros no se ha sentido invadido por un sentimiento decepcionante, que ha desatado una circunstancia indeseable, imprevista, accidental, que nos ha llenado de frustración. En momentos como este, nuestra auto-estima sufre notablemente; nos sumimos en estados anímicos oscuros que hacen decrecer nuestra confianza en alguna persona, en una situación o episodio funcional en nuestro día a día.

Las situaciones de decepción nos alcanzan a todos los seres humanos sin distinción, no importando si estamos cómodos, cómodos desde el punto de vista existencial de cara al mundo, de cara a la sociedad, aún si nos sentimos satisfechos íntimamente o en nuestro entorno. Lamentablemente los episodios decepcionantes generalmente llegan de manera inesperada, no avisan, solo se presentan. Pero; toda regla tiene su excepción, a veces podemos intuir imperceptiblemente, que algo está por suceder, no prepararnos; pero sí; sentir la aprehensión de que algo está por pasar.

El ser humano, está dotado de cinco sentidos básicos, sin embargo dispone de algunos mecanismos que podemos llamarlos “sentidos del alma” tal cual los presentan los “mentalista” o cultores del esoterismo entre otros. Por cierto que; este no es el momento de analizar estos “sentidos”, solo estamos hablando de los sentidos sutiles de que dispone el hombre como; intuición, premonición…, que le avisan de cualquier evento no identificado que está por suceder pero; que no sabe de donde va a venir como dicen algunos, tiene un pálpito.

decepción

Los sentimientos más decepcionantes, que afectan al ser humano son; los relativos a la parte afectiva, trabajo y expectativas de progreso, de avance en su status de vida. No hay nada más mortificante que estar pendiente de algo que suponemos va a redundar en beneficio cierto para nuestros intereses y, luego tener que digerir que fueron falsas todas las premisas en las que habíamos afincado muchas esperanzas o llanamente que estas no llenaron nuestras aspiraciones; resultado: una estrepitosa decepción.

Todos sabemos que las decepciones que afectan de manera más cruda y estresante al ser humano son; las decepciones afectivas. En todas las relaciones donde se encuentren involucrados los afectos, sean estos amorosos, filiales, amistosos, tienen una enorme repercusión en el ánimo y comportamiento, tanto; que esto se refleja en nuestro entorno social. En momentos que la decepción alcanza alturas que escapan al control del individuo, este sentimiento-emoción actúa como un detonante negativo en la personalidad de la persona, convirtiéndolo en un ser apocado, desdibujado e inseguro.

Si algo hace distinguirse a un ser humano entre la multitud, esa es; su seguridad, prestancia, una personalidad centrada y definida, circunspecto, anta los avatares de la vida, que sabe conducirse en sociedad sin importar no; más bien saber lidiar con los reveces que se reciben andando en el camino de la vida, si bien la decepción a veces se vuelve afectante, en demasía según nuestro propio punto de vista, es hora de tomar el control, hacer de tripas corazón para enfrentar la vida como viene sin dejarlo al azar ni a la causalidad.

sentido

No es descartable, de igual manera que los seres humanos somos arquitectos de nuestro propio edificio (personalidad y formación…,). Propiciamos así y, recreamos nuestras potenciales decepciones, encumbrando nuestras expectativas por encima de nuestras reales posibilidades. ¿Qué no? ¡Pues sí! Hay gente que dice que no hay nada inalcanzable para la voluntad y disposición del hombre de alcanzar metas u objetivos que se proponga. Pero; esa teoría tiene sus bemoles. Para cualquier hombre que quiera alcanzar una meta definida, tiene que plantearse el prepararse concienzudamente para ello. Si lo planteamos de manera subjetiva todo está al alcance del hombre. Respuesta: No hay imposibles, pero sí, casi inalcanzables posibles.

Finalmente: La decepción es un sentimiento de insatisfacción que aflora cuando no se cubren las expectativas sobre un deseo o una persona. Se forma al juntar dos emociones primarias, la sorpresa y la pena. La decepción, si perdura, es un desencadenante para la frustración y más adelante, la depresión. Similar al arrepentimiento, se diferencia en que el sentimiento de arrepentimiento se enfoca básicamente en fallas de criterio en elecciones personales mientras, que el de decepción se centra más en la insatisfacción proveniente del aspecto externo. Fuente de estrés psicológico que trastoca la personalidad. Si se tocan los extremos incluso, abría que buscar ayuda profesional.

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