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Hay personas qu cometen  el gran error de dejar escapar la verdadera felicidad, que se encuentra en las cosas más insignificantes. Durante toda su vida se siente atraídas por cosas más grandes aún sabiendo que estas no le aportan nada a su vida.

Hay personas que a pesar de tener unas condiciones de vida aceptables no se dan cuenta de lo que tienen. Puede servir como ejemplo el de una pareja que tiene un trabajo estable y cercano a su domicilio, son conscientes de ello, y además cuentan con la ventaja de no tener que recorrer diariamente varios kilómetros para desplazarse a su lugar de trabajo, disponen de la libertad necesaria para organizar su tiempo como ellos quieran.

Todo lo que tienen les produce insatisfacción

Esta misma pareja, tiene un hijo estudiando una carrera, tienen un buen grupo de amigos, y viven en el ático que siempre desearon tener. Pero no son completamente felices, siempre se están quejando y lamentándose de que no están del todo satisfechos. No son capaces de darse cuenta de todo lo que tienen, siguen pensando en aquellos objetivos que no pudieron conseguir. No disfrutan  de  nada de lo conseguido, solo muestran su insatisfacción por no tenerlo todo. 

Las quejas son injustificadas

Llama poderosamente la atención oír quejarse a personas por aquello que no lograron, están todo el tiempo lamentándose de su trabajo, o se muestran decepcionados porque las cosas no son tal y como ellos quieren, en la mayoría de estos casos sus necesidades principales ya las tienen cubiertas, y tienen la libertad de disfrutar la vida como les guste. 

Formas de entender la felicidad

Equivocadamente, solemos pensar que nuestros problemas y necesidades son más urgentes que los de los demás, y terminamos anteponiendo nuestro beneficio al del otro. Con ello solo conseguimos estar más insatisfechos y que no estemos dispuestos ni a ceder ni a soltar algo que quizás no necesitemos. Lo basamos todo en lo material, conseguir una mejor casa, un mejor coche, un mejor trabajo, un mayor reconocimiento social. Sin ser capaces de reconocer que para conseguir nuestro pleno desarrollo tenemos que estar dispuestos a renunciar a algo. No somos flexibles ni sabemos agradecer todo lo que hemos recibido hasta este momento.

No hay nada gratuito, todo tiene un precio

Esto no quiere decir que querer tener un mejor bienestar o que se busque la felicidad no sea lícito. Lo que tenemos que asumir es que conseguir eso que anhelamos lleva implícito un precio. La duda aparece cuando no sabemos a que renunciar con tal de obtenerlo. Está claro que nada de lo que deseamos para nuestra vida llegará gratis, dicho de otro modo todo tiene un precio que debemos asumir si queremos ser felices de verdad, y este precio no tiene que ser necesariamente algo material.

A algo debemos renunciar. No es bueno que sigamos pensando que se puede conseguir todo lo que queremos, ni que podemos seguir acaparando todo lo que deseamos,no se puede seguir pensando que no tenemos que poner algo a cambio, pero el camino adecuado para conseguirlo no es el de abusar de los demás de forma agresiva. Todos tenemos derecho a nuestra vida y a buscar la felicidad. 

 



 

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