Donde me vio Antonio

Pues es normal que ya me pare tan temprano y coja el teléfono con una mano, con este calor del verano a veces me sudan un poco y de golpe al desbloquear el Android, va el cacharro a dar al suelo. Otra vez me he parado de madrugada, he perdido la cuenta de las veces en que me levanto de madrugada por el ruido del vecino en el patio, debería crear una App para llevar la cuenta.

Este hombre se ha mudado hace poco al piso vacío del sexto, el que ocupaba la pareja de uruguayos. A decir verdad ese piso parece una sección de las Naciones Unidas. En menos de un año he visto pasar a dos peruanos, una venezolana muy way, los uruguayos y ahora este señor, que para ser sincera por como habla bien podría ser hasta de otro planeta.

Ha pasado dos horas quejándose porque a alguien se le ha ido una chancla y le ha pegado de canto al matero que tenía sobre el áire acondicionado. Mientras barría bien podía haber lanzado algún conjuro contra los de arriba o estar diciendo groserías que nadie termina de enterarse de lo que estuvo diciendo.

Estuvo diciendo palabras al aire con la misma velocidad con que le soltaba yo las palabras anoche a Antonio, "Que no, que que va, que son cosas tuyas Antonio"... Me ha pillado anoche en un bar con unos de los amigos del cole. Pero he corrido con suerte de que solo ha visto un perfil parecido al mío, las luces y las sombras han hecho lo propio. Y yo, que soy una dura para correr como endemoniada por la calle mientras me sonaba el  móvil de un número desconocido.

Como fuera Vodafone la que se iba a llevar el operador de mentadas no iba a ser de este planeta. No tuve tiempo, entre la pálida por ver a Antonio, y el muro de mi padre en la puerta de la casa, la noche se me iba poniendo en un buen color violeta, tirando a rojo. 

Y manché otra vez la pantalla con la crema de queso para el pan, que como siga así voy a tener que ponerle babero al móvil. He llegado anoche a las 12 y pasadas, mi padre con su martillo en la puerta con los minutos que le duró buscar la cerveza y dejarme en paz en el cuarto. Tomo el móvil y 10 llamadas perdidas. Entonces pienso, o era el teleoperador que me llama siempre de Endesa o era mi amigo, a quien dejé tirado en el bar antes de salir como una loca.

Eran muchos años sin verlo, no sé si Antonio va a averiguar y se llegue a cabrear si se entera que era yo, pero luego de anoche creo que planificaré un nuevo encuentro. Aunque en su conversación, Rita me pusiera la cabeza gigante diciéndome que Antonio me quería y yo no estaba actuando bien con él. 

Mañana veremos, que el pan espera al igual que mi amigo, al igual que mi vecino por el que ha roto el matero. La vida es una oportunidad que espera.

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