Cuando abrió los ojos miró por la ventana del avión y solo veía las nubes que cubrían el suelo; nada de lo que veía parecía normal; las personas, los objetos; parecía que guardaban el secreto más grande que nunca hubiera conocido, un secreto que le costaría averiguar.

Observó a la azafata servir a los pasajeros y se acordó de todo lo que había sucedido hace un par de horas en Cartagena, ciudad bonita, pero algo calurosa. Pensó en cuando era feliz y su mujer se encontraba con él ¿Por qué no está? curiosa pregunta.

Hace menos de 12 horas estaba sentado en una barra cerca a la piscina del hotel, miraba el cielo y no veía nada, pero quería ver algo. Sus días se tornaban aburridos y la monotonía estaba siempre ahí. Subió a la habitación. Eran las 9 de la mañana, miró a su mujer acostada y encontró en ella y en la esencia del momento una belleza indescriptible. Tomó la sabana roja que la cubría, y la tiro dentro del baño para luego alejarse. Tenía un vuelo pronto.

Al bajar con sus maletas a la recepción la señorita que lo atendía no evito preguntar por su mujer, quería saber si la disputa de hace unos días ya estaba resuelta, ya que el escandalo se escuchó hasta dos pisos abajo y parecían algo alterados, sin embargo, el sujeto no respondió nada, solo se limitó a mirarla fijo a los ojos. Al salir a la calle tomó un taxi, dió su destino, y todo el tiempo dentro del vehículo solo se limitó a mirar el azul del cielo.

Hace tiempo muchas personas habían hablado con él, haciendo afirmaciones que fastidiaban su oído y que su corazón no dejaba que entraran en el entendimiento; estaba totalmente enamorado y nunca pensó el estar viviendo una farsa. Bajó del taxi y entró al aeropuerto, para luego dar vueltas por el resto de su día hasta que su vuelo saliera.

Antes de subir al avión sacó de su maleta el libro de cuentos complejos que siempre le gustó, donde se encontraba el siguiente fragmento:

El viajero que he visto es un sujeto que finge estar en un sitio para que su mente este en otro. Parece vivir el instante; pero hay algo que lo cautiva, lo envuelve, y no lo suelta hasta que la misma existencia lo hace despabilar. Se encuentra inmerso en un letargo que no se sujeta a lo temporal; extrae la belleza del pasado, se sumerge en la esencia del objeto presente, y se aventura a presagiar lo venidero”

Su vida ya no era igual, vivió en un engaño y ahora nada tenía sentido, nada, excepto el cielo, que le recordaba su vida; el pasado, presente y futuro. Entendió que toda su existencia creyó haber visto el cielo como en realidad era, sin embargo, este siempre estuvo nublado por engaños. Un cielo, una vida; muchas nubes, muchos engaños.

El viajero en el Boeing 747 olvidó despedirse del cuerpo sin vida sobre la cama. Su mujer lo engañaba.

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