Viaje al Mundo de los Orates

Recuerdo a Daniel, mi hermano, quien atisbando empinado desde la ventana, me veía partir con la maleta de cuero terciada, posiblemente anhelando emularme cuando tuviera mi edad, para incurrir en ese mundo imaginario, desconocido y seguramente excitante para él, en que me adentraba todas las mañanas, sin percibir mi angustia y desazón de hallarme nuevamente ante esa atmósfera absurda, sórdida, densa e impersonal que llamaban Colegio, que para mi representaba simplemente la prisión de mi existencia.

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