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Ocultó su trabajo hasta a su mujer para evitar problemas con la familia y estaba completamente convencido que aquellas personas se lo merecían por lo que habían hecho. Ejecutó en total a 62 presos por intección letal o por descargas eléntricas. El era el encargado de apretar el botón, de poner las jeringuillas en los brazos de los condenados pues durante 17 años fue el jefe del corredor de la muerte en el Estado de Virginia de Estados Unidos.

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Rememorando sus actividades en el corredor de la muerte manifiesta que las ejecuciones en la silla eléctrica eran más rápidas, solo hay que apretar un botón y la máquina es la que hace el resto pero con la inyección letal lo pasaba peor: "La inyección letal es distinta, yo tenía la jeringuilla en mi mano y yo tenía que administrar el veneno y ver como bajaba por la vía, te sientes más ligado al acto de matar". El hombre encargado de ver el último aliento de los condenados es ahora un fiel defensor de la lucha contra la pena de muerte.

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Jerry Givens ahora trabaja conduciendo un camión y se ha presentado ante los asistentes al Congreso Internacional Contra la Pena de Muerte  que se ha celebrado en Madrid. Tiene una nueva vida y es uno de los más fuertes defensores de la abolición de la pena de muerte y manifiesta: "Dios me pidió que explicara mi experiencia por todo el mundo". ¿Que pasó para que este hombre cambiara de opinión después de 17 años de jefe del corredor de la muerte?.

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Nadie de su familia sabía de la labor que realizaba dentro del fatídico corredor pero ocurrió algo que lo descubrió todo. En 1999 fue juzgado y condenado por lavar dinero del narcotráfico en la compra de un coche y aunque el juicio fue a puerta cerrada, un periódico lo publicó y toda su vida y actividades salió a la luz. Cuando vió claro que había sido condenado por algo que él no había cometido (siempre manifestó que era inocente) pensó que era un mensaje de Dios para decirle que no le necesitaba a él para hacer esas cosas. Pasó cuatro años en prisión pero manifiesta que fueron los mejore años de su vida puesto que salió un hombre nuevo y totalmente cambiado.

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Ahora todo el mundo quiere saber como es y como piensa este hombre que tuvo en sus manos la vida de tantos presos ejecutados y le preguntan si recuerda quien fue el primero. El nombre se su primera "víctima" como les llama ahora a los ejecutados fue Linwood Briley, uno de los asesinos más famosos de Estados Unidos ya que junto a sus hermanos habían dado muerte a 12 mujeres. El fue el que apretó el botón y le vió morir en la silla eléctrica. "Entonces no me sentía culpable. creía que lo merecían". Aunque puntualiza que " hay que garantizar un juicio justo para todos", Givens confía en el sistema estadounidense y cree que "solo es cuestión de tiempo" y que cada vez más Estados se unirán a la causa abolicionista . "Nosotros no podemos hacer el papel de Dios"

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