El día que instituyeron los padres peregrinos

La verdadera historia del origen de "Thanksgivings Day"

 

Los orígenes de este día en norteamérica, se remontan al año 1620 d.C., cuando el barco (MAYFLOWER: Flor de Mayo), con más de 100 colonos ingleses cruzó el Atlántico para instalarse en el Nuevo Mundo. Este grupo de "pilgrims" o "peregrinos", de fuertes convicciones protestantes, se oponía a las creencias de la iglesia anglicana que los perseguía.


Esta se deleitaba violando su libertad de conciencia, por lo que estos fieles cristianos se vieron forzados entonces a emprender su travesía del océano Atlántico por fe en el Todopoderoso, en busca de su tan anhelada libertad de conciencia, y para escapar de la horca que les esperaba por defender tan firmemente sus creencias religiosas.

 

Ahora les compartiré gran parte del capítulo 17 del Libro "El Conflicto de los Siglos", titulado: "América: Tierra de Libertad", para que sepan quienes eran estos padres peregrinos y que venían buscando en el Nuevo Mundo.

 

"Los peregrinos (pilgrims) se instalaron en el que es ahora el actual Estado de Massachussets, concretamente en la histórica colonia de Plymouth Rock. No obstante haber renunciado al romanismo, los reformadores ingleses conservaron muchas de sus formas. De manera que aunque habían rechazado la autoridad y el credo de Roma, no pocas de sus costumbres y ceremonias se incorporaron en el ritual de la iglesia anglicana.

 

Se aseveraba que estas cosas no eran asuntos de conciencia; que por más que no estaban ordenadas en las Santas Escrituras, y por lo mismo no eran necesarias, sin embargo como tampoco estaban prohibidas no eran intrínsecamente malas. Por la observancia de esas prácticas se hacía menos notable la diferencia que separaba de Roma a las iglesias reformadas y se procuraba a la vez promover con más esperanzas de éxito la aceptación del protestantismo entre los romanistas.

 

Para los conservadores y los partidarios de las transigencias, estos argumentos eran decisivos. Empero había otros que no pensaban así. El mero hecho de que semejantes prácticas "tendían a colmar la sima existente entre Roma y la Reforma". (Martyn, tomo 5, pág. 22), era para ellos argumento terminante contra la conservación de las mismas. Las consideraban como símbolos de la esclavitud de que habían sido libertados y a la cual no tenían ganas de volver.

 

Argüían que en su Palabra Dios tiene establecidas reglas para su culto y que los hombres no tienen derecho para quitar ni añadir otras. El comienzo de la gran apostasía consistió precisamente en que se quiso suplir la autoridad de Dios con la de la iglesia. Roma empezó por ordenar cosas que Dios no había prohibido, y acabó por prohibir lo que él había ordenado explícitamente.

 

Muchos deseaban ardientemente volver a la pureza y sencillez que caracterizaban a la iglesia primitiva. Consideraban muchas de las costumbres arraigadas en la iglesia anglicana como monumentos de idolatría y no podían en conciencia unirse a dicha iglesia en su culto; pero como la iglesia estaba sostenida por el poder civil no consentía que nadie sustentara opiniones diferentes en asunto de formas.

 

La asistencia a los cultos era requerida por la ley, y no podían celebrarse sin licencia asambleas religiosas de otra naturaleza, so pena de prisión, destierro o muerte. A principios del siglo XVII el monarca que acababa de subir al trono de Inglaterra declaró que estaba resuelto a hacer que los puritanos "se conformaran, o de lo contrario ... que fueran expulsados del país, o tratados todavía peor". (Jorge Bancroft, History of the United States of America, parte 1, cap. 12).

 

Acechados, perseguidos, apresados, no esperaban mejores días para lo por venir y muchos se convencieron de que para los que deseaban servir a Dios según el dictado de su conciencia, “Inglaterra había dejado de ser lugar habitable" (J. G. Palfrey, History of New England, cap. 3). Algunos decidieron refugiarse en Holanda. A fin de lograrlo tuvieron que sufrir pérdidas, cárceles y mil dificultades. Frustrábanse sus planes y eran entregados en manos de sus enemigos.

 

Pero al fin triunfó su firme perseverancia y encontraron refugio en las playas hospitalarias de la República Holandesa. En su fuga habían tenido que abandonar sus casas, sus bienes y sus medios de subsistencia. Eran forasteros en tierra extraña, entre gente de costumbres y de lengua diferentes de las de ellos. Se vieron obligados a ocuparse en trabajos desconocidos hasta entonces para ellos, a fin de ganarse el pan de cada día.

 

Hombres de mediana edad que se habían ocupado durante toda su vida en labrar la tierra, se vieron en la necesidad de aprender oficios mecánicos. Pero se acomodaron animosamente a la situación y no perdieron tiempo en la ociosidad ni en quejas inútiles. Aunque afectados a menudo por la pobreza, daban gracias a Dios por las bendiciones que les concedía y se regocijaban de poder tener comunión espiritual sin que se les molestara.

 

"Comprendían que eran peregrinos y no se preocupaban mucho por aquellas cosas; sino que levantaban la vista al cielo, su anhelada patria, y serenaban su espíritu." (Bancroft, parte 1, cap. 12).

 

Aunque vivían en el destierro y en medio de contratiempos, crecían su amor y su fe; confiaban en las promesas del Señor, el cual no los olvidó en el tiempo de la prueba. Sus ángeles estaban a su lado para animarlos y sostenerlos. Y cuando les pareció ver la mano de Dios señalándoles hacia más allá del mar una tierra en donde podrían fundar un estado, y dejar a sus hijos el precioso legado de la libertad religiosa, avanzaron sin miedo por el camino que la Providencia les indicaba.

 

Dios había permitido que viniesen pruebas sobre su pueblo con el fin de habilitarlo para la realización de los planes misericordiosos que él tenía preparados para ellos. La iglesia había sido humillada para ser después ensalzada. Dios iba a manifestar su poder en ella e iba a dar al mundo otra prueba de que él no abandona a los que en él confían. El había predominado sobre los acontecimientos para conseguir que la ira de Satanás y la conspiración de los malvados redundasen para su gloria y llevaran a su pueblo a un lugar seguro.

 

La persecución y el destierro abrieron el camino de la libertad. En cuanto se vieron obligados a separarse de la iglesia anglicana, los puritanos se unieron en solemne pacto como pueblo libre del Señor para "andar juntos en todos sus caminos que les había hecho conocer, o en los que él les notificase". (J. Brown, The Pilgrim Fathers, pág. 74).

 

En esto se manifestaba el verdadero espíritu de la Reforma, el principio esencial del protestantismo. Con ese fin partieron los peregrinos de Holanda en busca de un hogar en el Nuevo Mundo. Juan Robinson, su pastor, a quien la Providencia impidió que les acompañase, díjoles en su discurso de despedida:

 

"Hermanos: Dentro de muy poco tiempo vamos a separarnos y sólo el Señor sabe si viviré para volver a ver vuestros rostros; pero sea cual fuere lo que el Señor disponga, yo os encomiendo a él y os exhorto ante Dios y sus santos ángeles a que no me sigáis más allá de lo que yo he seguido a Cristo. Si Dios quiere revelaros algo por medio de alguno de sus instrumentos, estad prontos a recibirlo como lo estuvisteis para recibir la verdad por medio de mi ministerio; pues seguro estoy de que el Señor tiene más verdades y más luces que sacar de su Santa Palabra" (Martyn, tomo 5, pág. 70).

 

"Por mi parte, no puedo deplorar lo bastante la triste condición de las iglesias reformadas que han llegado a un punto final en religión, y no quieren ir más allá de lo que fueron los promotores de su reforma. No se puede hacer ir a los luteranos más allá de lo que Lutero vió; ... y a los calvinistas ya los veis manteniéndose con tenacidad en el punto en que los dejó el gran siervo de Dios que no lo logró ver todo. Es ésta una desgracia por demás digna de lamentar, pues por más que en su tiempo fueron luces que ardieron y brillaron, no llegaron a penetrar todos los planes de Dios, y si vivieran hoy estarían tan dispuestos a recibir la luz adicional como lo estuvieron para aceptar la primera que les fué dispensada". (D. Neal, History of the Puritans, tomo 1, pág. 269).

 

"Recordad el pacto de vuestra iglesia, en el que os comprometisteis a andar en todos los caminos que el Señor os ha dado u os diere a conocer. Recordad vuestra promesa y el pacto que hicisteis con Dios y unos con otros, de recibir cualquier verdad y luz que se os muestre en su Palabra escrita. Pero, con todo, tened cuidado, os ruego, de ver qué es lo que aceptáis como verdad. Examinadlo, consideradlo, y comparadlo con otros pasajes de las Escrituras de verdad antes de aceptarlo; porque no es posible que el mundo cristiano, salido hace poco de tan densas tinieblas anticristianas, pueda llegar en seguida a un conocimiento perfecto en todas las cosas" (Martyn, tomo 5, págs. 70, 71).

 

El deseo de tener libertad de conciencia fué lo que dió valor a los peregrinos para exponerse a los peligros de un viaje a través del mar, para soportar las privaciones y riesgos de las soledades selváticas y con la ayuda de Dios echar los cimientos de una gran nación en las playas de América... "Muy pocos aun entre los más distinguidos pensadores y moralistas del siglo XVII tuvieron un concepto justo de ese gran principio, esencia del Nuevo Testamento, que reconoce a Dios como único juez de la fe humana." (Id., pág. 297).

 

La doctrina que sostiene que Dios concedió a la iglesia el derecho de regir la conciencia y de definir y castigar la herejía, es uno de los errores papales más arraigados. En el antiguo documento que nuestros antepasados expidieron como su carta de derechos—la Declaración de Independencia— declaraban lo siguiente:

 

"Sostenemos como evidentes estas verdades, a saber, que todos los hombres han sido creados iguales, que han sido investidos por su Creador con ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad."

 

Y la Constitución garantiza en los términos más explícitos, la inviolabilidad de la conciencia: "No se exigirá examen alguno religioso como calificación para obtener un puesto público de confianza en los Estados Unidos." "El Congreso no dictará leyes para establecer una religión ni para estorbar el libre ejercicio de ella."

 

"Los que formularon la Constitución reconocieron el principio eterno de que la relación del hombre con Dios se halla por sobre toda legislación humana y que los derechos de la conciencia son inalienables. No se necesitaba argumentar para establecer esta verdad; pues la sentimos en nuestro mismo corazón. Fué este sentimiento el que, desafiando leyes humanas, sostuvo a tantos mártires en tormentos y llamas. Reconocían que su deber para con Dios era superior a los decretos de los hombres y que nadie podía ejercer autoridad sobre sus conciencias. Es un principio innato que nada puede desarraigar." (Congressional Documents,E.U.A, serie No. 200, documento No. 271).

 

La Biblia era considerada como la base de la fe, la fuente de la sabiduría y la carta magna de la libertad. Sus principios se enseñaban cuidadosamente en los hogares, en las escuelas y en las iglesias, y sus frutos se hicieron manifiestos, en lo que se ganó en inteligencia, en pureza y en templanza. Podíase vivir por años entre los puritanos "sin ver un borracho, ni oír una blasfemia ni encontrar un mendigo". (Bancroft, parte 1, cap. 19).

 

Quedaba demostrado que los principios de la Biblia son las más eficaces salvaguardias de la grandeza nacional. Las colonias débiles y aisladas vinieron a convertirse pronto en una confederación de estados poderosos, y el mundo pudo fijarse admirado en la paz y prosperidad de una "iglesia sin papa y de un estado sin rey."...

 

Las iglesias protestantes de América—lo mismo que las de Europa—tan favorecidas al recibir las bendiciones de la Reforma, dejaron de avanzar en el camino que ella les había trazado. Si bien es verdad que de tiempo en tiempo surgieron hombres fieles que proclamaron nuevas verdades y denunciaron el error tanto tiempo acariciado, la mayoría, como los judíos en el tiempo de Cristo, o como los papistas en el de Lutero, se contentaba con creer lo que sus padres habían creído, y con vivir como ellos habían vivido.

 

De consiguiente la religión degeneró de nuevo en formalismo; y los errores y las supersticiones que hubieran podido desaparecer de haber seguido la iglesia avanzando en la luz de la Palabra de Dios, se conservaron y siguieron practicándose. De este modo, el espíritu inspirado por la Reforma murió paulatinamente, hasta que llegó a sentirse la necesidad de una reforma en las iglesias protestantes tanto como se necesitara en la iglesia romana en tiempo de Lutero.

 

Se notaba el mismo estupor espiritual y la misma mundanalidad, la misma reverencia hacia las opiniones de los hombres, y la substitución de teorías humanas en lugar de las enseñanzas de la Palabra de Dios...Los hombres descuidaron el estudio de las Sagradas Escrituras y siguieron aceptando interpretaciones torcidas y falsas y conservando doctrinas que no tenían fundamento alguno en la Biblia. Viendo el fracaso de sus esfuerzos para destruir la verdad por medio de la persecución, Satanás había recurrido de nuevo al plan de transigencias que condujo a la apostasía y a la formación de la iglesia de Roma.

 

Había inducido a los cristianos a que se aliasen, no con los paganos, sino con aquellos que por su devoción a las cosas de este mundo demostraban ser tan idólatras como los mismos adoradores de imágenes. Y los resultados de esta unión no fueron menos perniciosos entonces que en épocas anteriores; el orgullo y el despilfarro fueron fomentados bajo el disfraz de la religión, y se corrompieron las iglesias.

 

Satanás siguió pervirtiendo las doctrinas de la Biblia, y empezaron a echar profundas raíces las tradiciones que iban a perder a millones de almas. La iglesia amparaba y defendía estas tradiciones, en lugar de defender "la fe que una vez fué entregada a los santos". Así se degradaron los principios que los reformadores sustentaron y por los cuales sufrieran tanto. (Conflicto de los Siglos, pp 334-344).

 

SILUETA DE UNO DE LOS PADRES PEREGINOS INGLESES

 

Así el primer invierno en el Nuevo Mundo americano fue extremadamente difícil para aquellos peregrinos. Pasaron hambre, frío y murieron la mitad de los colonos. En la primavera siguiente, ayudados por los indios Wampanoag, aprendieron a sembrar maíz, una planta antes ignorada para los colonos. Los indios les enseñaron también a cultivar otros alimentos, a cazar y a pescar.

En el otoño de 1621 fueron recolectadas generosas cosechas de grano, cebada, frijoles y calabazas. Los colonos, como muestra de agradecimiento religioso, organizaron un festín que los americanos han denominado históricamente así: "The America’s First Thanksgiving". Los "pilgrims" invitaron al Gran Jefe y a 90 indios de su tribu Wampanoag.

Los indios llevaron carne de ciervo para ser asada y pavos (turkeys). Los colonos (pilgrims) habían aprendido cómo cocinar los arándanos y prepararon las diferentes clases de grano sobre vajillas desconocidas para los indígenas. Para este primer día de Acción de Gracias, los indios habían llevado hasta palomitas de maíz. De aquí se desprende que incluso hoy día Thanksgiving and pilgrims sean expresiones estrechamente unidas.

Podemos rastrear ésta histórica tradición cristiana de Los Estados Unidos, desde el año 1623. En noviembre de 1623, después de recolectar la cosecha, el gobernador de la colonia de peregrinos "Plymouth Plantation" en Plymouth, Massachusetts, declaró: "Todos ustedes, peregrinos, con sus esposas e hijos, congréguense en la casa comunal, en la colina… para escuchar al pastor, y dar gracias a Dios Todopoderoso por todas sus bendiciones."

En los siguientes años, muchos de los colonos originales celebraron la cosecha de otoño con un banquete de gracias (thanksgiving). Después de que Estados Unidos consiguiera la independencia, el Congreso (Council) recomendó un día anual de acción de gracias para que la nación entera se divirtiese. George Washington sugirió la fecha el 26 de noviembre como Día de Acción de Gracias (Thanksgiving day).

Finalmente, el 1° de noviembre de 1777 fue oficialmente declarado como día feriado: "Para solemne acción de gracias y adoración que con un corazón y en unidad de voz, las buenas personas expresen sus sentimientos de agradecimiento, y se consagren al servicio del su divino benefactor,…y que sus humildes súplicas agraden a Dios, por medio de los méritos de Jesucristo, quien es misericordioso para perdonar, borrando y olvidando su pecados… Quiera Dios que las escuelas y seminarios de educación, tan necesarios para cultivar principios de verdadera libertad, virtud bajo su mano protectora, y prosperar la religión para la promoción y engrandecimiento de ese reino el cual consiste de paz, justicia y gozo en el Espíritu Santo…"

Pero no fue hasta 1863 cuando, al final de la guerra civil, el gran siervo de Dios, Abraham Lincoln, pidiera a los norteaméricanos festejar el último jueves de noviembre como un día de “thanksgiving”, es decir como "El Día de Acción de Gracias". Así el 3 de octubre de 1863, proclamó por carta del Congreso, un día nacional de acción de gracias.

El dijo: "El último jueves de noviembre, como un día de acción de gracias y adoración a nuestro padre benefactor, quien mora en los cielos". Abraham Lincoln dijo además: "anunciado en las Sagradas Escrituras y confirmado a través de la historia, que aquellas naciones que tiene al Señor como su Dios, son bendecidas. Pero nosotros nos hemos olvidado de Dios. Nos hemos olvidado de la mano que nos preserva en paz, nos multiplica, enriquece y fortalece. Vanamente nos hemos imaginado, por medio del engaño de nuestros corazones, que todas éstas bendiciones fueron producidas por alguna sabiduría superior y por nuestra virtuosidad. Me ha parecido, apropiado que Dios sea solemne, reverente y agradecidamente reconocido como en un corazón y una voz, por todos los americanos…"
Por eso es que cada año en el día de acción de gracias, los americanos dan acción de gracias al Dios Todopoderoso por todas sus bendiciones y misericordias durante el año. Acción de Gracias es una fecha para compartir bendiciones y buenos deseos con la familia y los seres más cercanos. Todos reunidos dan gracias por todo lo bueno que tienen y piden bendiciones (blessings) juntos para los suyos.

Por eso, como ya es tradición, en la mayor parte de los hogares americanos, se usan los mismos alimentos que se sirvieron en la primera acción de gracias histórica. Allí no pueden faltar el maíz (corn), calabazas (pumpkins), salsa de arándano (cranbery’s sauce), y por supuesto el pavo relleno (stuffed turkey). La ceremonia es un reconocimiento público del papel de los Indios en la primera Acción de Gracias (America’s First Thanksgiving) hace 394 años en este 2015.

Sin la Providencia Divina actuando a través de los nativos americanos, que como dijera alguien que es: "LAS MANOS DE DIOS EN LOS GUANTES DE LA HISTORIA", los primeros padres peregrinos no habrían sobrevivido.

Este es el origen de la celebración anual del día de acción de gracias en EEUU. Pero necesitamos aclarar el verdadero origen de la celebración histórica del auténtico y primer día de "Acción de Gracias", celebrado por los protestantes cristianos en el mundo. Para remontarnos a los orígenes de dar gracias al Todopoderoso en un día especial por la protección, a favor de su pueblo, debemos ir unos años antes de que los padres peregrinos ingleses llegaran en el "Mayflower", a costas del Nuevo Mundo.

Antes debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿De dónde los peregrinos cristianos ingleses sacaron la idea de establecer un día de acción de gracias a la protección y cuidado del Todopoderoso a su favor? Para esto debemos remitirnos a una épica batalla acontecida en las costas de su natal Inglaterra, tres décadas antes de ellos haber arribado a tierras americanas. Y de seguro muchos de ellos vivían en esos días, ya que muchos de ellos sobrepasaban la edad de treinta años en 1620 d.C.

La idea de la celebración de este día nace de los resultados de la invasión de España a la Inglaterra de los días de la reina Isabel I. Esta invasión fue bautizada por los ingleses con el nombre de la "ARMADA INVENCIBLE". Este es un término de origen inglés, para referirse a la Empresa contra Inglaterra de 1588, proyectada por el monarca español Felipe II para destronar a Isabel I e invadir Inglaterra.

 

DERROTA DE LA ARMADA INVENCIBLE

 

Esta invasión no pretendía otra cosa que la expulsión de Isabel I del trono inglés. La razón era bien clara. Esto era parte de una venganza fraguada, desde el Vaticano, por parte de la orden de los jesuitas, quienes eran los manipuladores del rey Felipe II, el cual se sabía de su fidelidad a esta orden, creada por Ignacio de Loyola en 1534 d.C., contra la Inglaterra protestante. Estas acciones eran parte de la agenda de la contrarreforma católica contra los protestantes, liderada por la orden jesuita, desde los días del Concilio de la Contrarreforma.

Este Concilio, había sido celebrado desde 1545 hasta 1563 d.C., con el objetivo de destruir al protestantismo y destruir a las principales naciones defensoras de los principios del protestantismo, surgido en los días de Lutero. También respondía a la ejecución de la reina católica María Estuardo en Inglaterra, la cual era esposa de Felipe II. Este rey era el hijo del emperador católico Carlos V, el cual tuvo que enfrentar y aceptar la derrota de la Reforma protestante iniciada en Alemania por Martín Lutero, y establecida por los príncipes electores alemanes en 1531 d.C.

Felipe II había contraído matrimonio con la reina católica de Inglaterra María I, de modo que el hijo que tuvieran pudiera reinar en España y en Inglaterra. Pero ella falleció sin darle a Felipe II un hijo. Pero Isabel I, quien era su media hermana, llega al trono en sustitución de María en 1558. Así Isabel I comienza a reinstaurar la reforma anglicana en Inglaterra y Felipe II intenta frenar el avance de la reforma proponiéndole matrimonio a Isabel, pero ella hiere su orgullo rechazándolo .

Pero en 1570, desde el Vaticano, a sugestión de los jesuitas, el papa Pío V promulga una bula que excomulga a Isabel I y autoriza a cualquier católico para asesinarla y a cualquier monarca católico para destronarla. Felipe II, que es reconocido en la historia como un títere fiel a la orden de Loyola, acepta una conspiración para asesinar a Isabel I y sustituirla por la reina de Escocia, María Estuardo, de religión católica.

El rey de España manda agentes jesuitas infiltrados a Inglaterra para iniciar la rebelión pero ésta jamás llega a estallar porque Dios permite que los espías de Isabel descubran el complot. Isabel decide iniciar un plan para dar dinero y tropas a los rebeldes protestantes de Países Bajos. A partir de 1572 Isabel comienza a financiar expediciones corsarias de Hawkins y Drake en las costas del Caribe capturando botines de ciudades españolas. En 1585 Drake ataca puertos de Galicia atentando contra iglesias y matando a curas y a monjas, por lo que Felipe II decide atacar por fin Inglaterra.

 

Los planes de Isabel

Isabel I es informada por sus espías de los planes de invasión de Felipe II. A fin de ganar tiempo para disponer sus defensas, Isabel ordena a sir Francis Drake atacar la bahía de Cádiz, donde se estaban construyendo barcos de la Gran Armada española. El ataque de Francis Drake, conocido como la Expedición de Drake de 1587, destruye o captura 100 buques españoles, lo que interrumpe los preparativos españoles y retrasa los trabajos cerca de un año.

Felipe II ve que la Armada se ha convertido en un enorme gasto financiero y apresura al experto almirante Álvaro de Bazán para que ataque Inglaterra. Sin embargo, el 9 de febrero de 1588 Álvaro de Bazán muere de tifus, viéndose la providencial mano divina actuando en ello. Así se queda la Armada sin almirante. En Lisboa no se encuentra a nadie que disponga del prestigio social para liderar similar misión, entonces se le da la orden de ejecutarla al duque Medina Sidonia.

El duque de Medina Sidonia carecía de experiencia naval y no se consideraba el hombre indicado para el proyecto. En cartas enviadas al rey el duque declina a la responsabilidad de su misión. Pero Felipe II nunca recibió estas cartas del duque, ya que los consejeros del rey las interceptaron y le respondieron que negarse a semejante misión le desacreditaría para siempre. Un mes y medio después se hace a la mar al frente de la invasión. Con 19 000 infantes, 7000 marineros, 1000 caballeros de fortuna, 180 clérigos y 130 barcos se dirige a las costas inglesas.

Entonces el día 25 de mayo de 1588 se hace a la mar. Y a partir del 22 de julio, se vuelve a ver la Todopoderosa mano de Dios actuando a favor de los que defendían la verdad de su Palabra. Las fuertes tormentas y el estado de la mar provocaron que para el 28 del mismo mes una parte de la flota (40 barcos) se hubiera perdido y separado del resto. Tuvieron que pasar otros dos días más para que los barcos perdidos regresaran al grueso de la flota.

Este evento de las fuerzas de la naturaleza diluyó la sorpresa del ataque contra la Inglaterra protestante, ya que Dios permitió que fueran vistos por el barco inglés Golden Hind, para dar tiempo a dar la voz de alarma mientras la famosa flota "INVENCIBLE", se reagrupaba. Sin embargo, la flota inglesa fondeada en Plymouth no tenía posibilidades de zarpar, ya que ni el tiempo ni la mar se lo permitían en ese momento.

Los vientos favorecían en la entrada del Canal de la Mancha a la flota española. Con la brisa en contra y la subida de la marea, la flota inglesa se encontraba atrapada en el puerto. Además, en esos mismos instantes la Armada Invencible navegaba viento en popa y a toda vela hacia las costas inglesas. Pero cuenta la historia que los ingleses logran sacar 70 barcos del puerto de Plymouth, ayudados con botes de remos y, amparada por la oscuridad.

Así en la noche del 30 de julio rodea a la armada española y goza de la ventaja de situarse a barlovento. El 31 de julio, la flota inglesa comienza a avasallar tímidamente a la Armada Invencible y, al margen de los primeros contactos y estimación del poderío adversario, se realizan por parte inglesa los primeros ataques con tímidos cañoneos a larga distancia.

Estando los barcos españoles en el mar del Norte y dispersos, los ingleses fueron a atacarlos. Así se vieron obligados los barcos españoles a retirarse a la fuga, rodeando las islas británicas. Pero nuevamente se ve la mano de Dios actuando a favor de su pueblo. Un empeoramiento repentino de las condiciones meteorológicas del tiempo en la zona, llevó a la flota española al mar del Norte, por causa de los vientos. Así ellos tienen que rodear las islas británicas por Escocia y descender luego bordeando Irlanda para dirigirse a los puertos españoles.

En esa ocasión le viene el desastre y hundimiento en las abruptas y tormentosas costas británicas, a un gran número de barcos de la famosa "ARMADA INVENCIBLE". Esto causó un gran número de bajas entre los católicos españoles invasores, sin necesidad de que los protestantes británicos tuvieran que luchar. Dios estaba dirigiendo los elementos de la naturaleza en contra de los enemigos que querían eliminar su Palabra.

La flota española estaba en muy malas condiciones y carecía de suministros. Desde el mismo momento de la partida se racionó la bebida, ya que se perdió mucha agua que iba en toneles de mala calidad. A los pocos días echaron por la borda mulas y caballos con el fin de ahorrar agua. Muchos habían enfermado. Pero su peor enemigo era la naturaleza. Con el progreso hacia el norte las temperaturas bajaron ostensiblemente y la flota quedó envuelta en espesas neblinas y amenazantes temporales, con vientos contrarios frenaron su avance.

A partir del día 18 de septiembre, frente a las costas de Irlanda, se desencadenó una terrible tempestad. Un oficial inglés que estaba en Irlanda lo calificó como "un ventarrón tremendo, una fuerte tormenta como no se había visto ni oído desde hacía mucho tiempo". La flota española quedó totalmente dispersada, y cada barco hubo de componérselas como pudo. Algunos buscaron refugio en la costa para emprender reparaciones.

Un marinero portugués, capturado por los ingleses, dijo que la situación de los marineros era desesperada. Estas fueron sus palabras: "cada día mueren en el barco cuatro o cinco hombres, de hambre o de sed. Ochenta de los soldados y veinte marineros están enfermos, y el resto están muy débiles [...] Dice que el propósito del almirante es intentar llegar a España aprovechando el primer viento que se presente. Entre los soldados se comenta que, si logran volver a España, nunca más se enzarzarán con ingleses".


Es increíble que se diga que el mismo rey Felipe tuvo que reconocer que era Dios quien estaba peleando contra ellos. Se cuenta que a la vuelta de la Armada a España, Felipe II dijo: "Yo envié a mis naves a pelear contra los hombres, no contra los elementos". En el margen de una de las cartas enviadas al duque de Parma, autores como Carlos Gómez-Centurión sí dan por escrita por el propio rey la frase: "En lo que Dios hace no hay que perder ni ganar reputación, sino no hablar de ello".

El se sintió profundamente decepcionado y con ganas de morir. Se dice que dijo: "pido a Dios que me lleve para así no ver tanta mala ventura y desdicha". Se dice que llegó a escribir esto a su capitán Mateo Vázquez, cuando tuvo las confirmadas noticias de su desastrosa empresa. Sus profundas convicciones religiosas lo hacían sentirse legitimado por Dios en su empresa contra los herejes protestantes. Por ese motivo sufrió el desastre con un profundo dolor y con callada resignación. El lo vió, al final, como un castigo divino "por nuestros pecados".

A partir de esos eventos España nunca mas fue la misma. Comenzó una declinación de su fuerza imperial, y la Inglaterra protestante comenzó a prosperar como el nuevo imperio mundial. Ver lo que nos dice Wikipedia de esto:

https://es.wikipedia.org/wiki/Armada_Invencible

A partir de esos eventos es que la reina de Inglaterra estableció la celebración del primer día de "Acción de Gracias a Dios" que se recuerde en la historia de la humanidad. Ella hizo un llamado a todos los estados protestantes a unirse en un día de "Acción de gracias a Dios". El día 29 de noviembre de 1588 d.C., todos sus súbditos se unieron, después del sermón, en un coro de "Acción de Gracias", al Dios que había dispersado a sus enemigos.

Hoy día se puede ver todavía en Plymouth, Inglaterra, el monumento donde aparece grabada la escena de aquel glorioso día donde Dios salvó al protestantismo del ataque de sus enemigos. En ese monumento se puede leer las palabras que dicen: "HE BLEW WITH HIS WINDS, AND THEY WERE SCATTERED". Es decir: "EL (Dios), SOPLO CON SUS VIENTOS, Y ELLOS FUERON DISPERSADOS".

Fue desde ese lugar historico en las costas inglesas de Plymouth, que zarpó el "May Flower" con los padres peregrinos, en busca de libertad en 1620 d.C. Es decir, treinta y dos años después de estar dando gracias al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, por la derrota de la "Armada Invencíble".

Así los padres peregrinos puritanos, huyendo de la intolerancia de la Iglesia Anglicana, llegaron a las costas de EEUU, el 21 de diciembre de 1620 a bordo del buque "Mayflower". De esta manera, recordando la gloria del lugar de su partida, en la costa inglesa, al llegar al puerto que los recibió en el Nuevo Mundo, los padres peregrinos lo bautizaron con el nombre de New Plymouth. No es casual que ese fuera el lugar por donde querían desembarcar las fuerzas católicas de la "Armada Invencíble" en Inglaterra.

Todo esto indica el valor simbólico que los padres peregrinos concedían a aquel lugar de su madre patria, donde Dios había preservado la continuidad del protestantismo, que había querido ser destruído por Satanás, a través de su agente y títere de los jesuitas, el rey católico español Felipe II. Por eso podemos asegurar que el día de "Acción de Gracias", celebrado en norteamérica, no es más que una continuidad de la tradición protestante iniciada y establecida por la reina Isabel I, en Inglaterra, un día 29 de noviembre de 1588 d.C.


Todo esto lo podemos observar en el siguiente link del segundo capítulo de la serie de ocho videos colgados en Youtube: "Los Guardianes de la LLama", y presentados por el Dr. Allan Lindsay, bajo el título: "Los Reformadores", del minuto 11:50 hasta el 18:00.

https://www.youtube.com/watch?v=qWbovcqZ59o

Pero lamentablemente los padres y pastores de nuestras iglesias cristianas protestantes se han olvidado de enseñar a sus hijos y miembros, la verdadera historia del origen de esta celebración preciosa y tan llena de significados. En ese día Dios salvó a la Reforma y al protestantismo de una destrucción inminente. Ese debe ser un día dedicado a enseñarle a nuestros hijos y miembros de iglesia a see agradecidos a Dios, porque El "es nuestro amparo y fortaleza. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones" (Salmo 46:1).


Ha llegado la hora de rescatar la verdadera tradición del origen de celebraciones protestantes como estas que rinden culto a Dios, y darle tanto énfasis a otras de origen totalmente pagano como la Navidad, y hasta Halloween. Deberíamos resaltar nuestra identidad cristiana protestante, y no la tradición heredada del paganismo y veríamos mejores cristianos en nuestras iglesias y hogares, defensores "de la fe una vez dada a los santos".

Deberíamos recordar, resaltar, y rescatar celebraciones de fechas que realmente fortalecerían nuestra identidad cristiana protestante, como la celebración del inició de la Reforma Protestante por Lutero, cuando clavó las 95 tesis contra la doctrina de las indulgencias en las puertas de la Iglesia del castillo de Wittemberg. Esto haría olvidar a nuestros hijos la celebración satánica de Halloween, ya que el mismo día en que las fuerzas oscuras del maligno, 31 de octubre, se gozan en su festividad, las fuerzas divinas de la luz de la verdad comenzaron a iluminar las conciencias con la proclama de Martín Lutero.

Resulta increíble que como protestantes que somos le otorguemos más énfasis e importancia a la celebración de las fiestas de precepto, instituídas por la iglesia popular y de origen pagano, que a aquellas que marcan los grandes momentos de la intervención divina a nuestro favor en las vísperas de cumplir, en octubre del 2017, los 500 años de historia protestante.

No hagamos caso a las blasfemas palabras pronunciadas por el ya fallecido obispo anglicano Tony Palmer, en su encuentro Kenneth Copeland, laicos y líderes del movimiento carismático y el Papa jesuita Francisco I, a través de las cámaras de la televisión en el 2014, y colgado en un sinnúmero de páginas de Youtube como la siguiente.

Ver: https://www.youtube.com/watch?v=C4Jx38lg9jE

Pero la Reforma Protestante aún no ha cesado en nuestro mundo. Todo esto es solo principio de dolores, en vísperas del falso reavivamiento, sin reforma, que llegará a nuestro mundo. Este falso reavivamiento, sin la verdad de la Palabra de Dios, llegará a través del ecumenismo religioso, en puntos comunes de doctrina, al que Francisco está llamando, para gobernar al mundo en su nueva Edad Media, o Nuevo Orden Mundial.

Pero: "La Reforma no terminó, como muchos lo creen, al concluir la vida de Lutero. Tiene aún que seguir hasta el fin del mundo. Lutero tuvo una gran obra que hacer—la de dar a conocer a otros la luz que Dios hiciera brillar en su corazón; pero él no recibió toda la luz que iba a ser dada al mundo. Desde aquel tiempo hasta hoy y sin interrupción, nuevas luces han brillado sobre las Escrituras y nuevas verdades han sido dadas a conocer". (Conflicto de los Siglos, p. 159).

MARANATHA MUY PRONTO

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