¡En verdad todos deseamos la felicidad!

En verdad todos deseamos la felicidad, triunfar en todo aquello que emprendamos, nos arroba la abundancia económica, tener una pareja hermosa, que nos brinde mucho amor y unas relaciones maravillosas.

La felicidad es una eterna búsqueda

Si cuando las personas pasen por tu lado se te ocurriera preguntarles si desean ser felices, estoy seguro que todos contestarían al unísono sí, sería obvio que hasta se sorprenderían de una pregunta tan básica y tan traída por los cabellos. Pero; si nos pusiéramos más intensos y los interrogáramos sobre si merecen ser felices, con seguridad, generalmente dudarían, la respuesta llegaría con retardo. No es todo; si se nos ocurriera ponerlos delante de un espejo y mirándonos a los ojos, nos dijeran si ciertamente merecen el disfrute de ser felices, ten por seguro que; la mayoría no tendría una respuesta precisa, esconderían la mirada y con voz velada te dirían que no.

¡Un verdadero contrasentido! A lo que nos enfrentamos los humanos. Queremos ser felices, pero existe en nuestro yo interno algo que nos dice que no, que no somos merecedores de ello, que no nos pertenece, que solo podemos permitirnos un cierto grado de felicidad y que serlo plenamente reviste peligrosidad.

¿Por qué si todos deseamos la felicidad, sentirnos plenos, disfrutar de buenas relaciones, abundancia y no lo estamos haciendo en el presente? ¿Por qué; si la esencia divina nos ha legado la posibilidad de ser felices y triunfar, no hacemos uso de este legado?

¡Es posible que nos estemos castigando! Que nos sintamos culpables de algo que ni siquiera podemos identificar, que no logramos ubicarlo a nivel de conciencia, pero esa sensación existe, está presente en nuestro ánimo, pensamos que algo estamos haciendo mal y esa presunción merece un castigo ejemplar. ¡Nos estamos castigando y no sabemos ni por qué!

felicidad

Borrando la culpa

En nuestro yo interno estamos seguros, tenemos la certeza de que hay algo malo en nosotros, hay algo que no está bien. Al no poder recordar que cosa hemos hecho y no poder llevarlo a nivel consciente, nos empeñamos tercamente en compensar de alguna manera la supuesta maldad en nosotros, martirizándonos. Al expiar la culpa nos sentimos aliviados, de alguna manera tenemos la sensación de que estamos borrando la culpa, que estamos alcanzando el equilibrio, al desaparecer el dolor que presuntamente hemos causado.

¿Por qué esa sensación de culpa? ¿Qué nos lleva a pensar a todos, independientemente de la cultura, edad, estrato social o religión, a sentirnos culpables y que nos lleva a no permitirnos ser felices totalmente en la medida de nuestras posibilidades? ¿Por qué conformarse con una felicidad momentánea, por tener solo instantes de felicidad, sentirnos bien ocasionalmente? Tal vez el problema como a todos los que se enfrenta el ser humano, no es más que el olvido. Olvidamos quiénes somos y a que hemos venido.

Somos seres hechos de energía, estamos en constante evolución y esta vida no es más que una etapa de transición, con el único objeto de seguir evolucionando eternamente, estamos sumidos en una especie de ensueño, letargo y olvido que solo nos identifica con nuestra persona y no con nuestro ser, imitando a nuestros progenitores, olvidando nuestra verdadera razón de existir, que es evolucionar e iluminar nuestra oscuridad.

Olvidados de quienes somos, identificamos dos culpas

La primera, que proviene de las memorias oscuras de nuestro ser. Llevamos siglos evolucionando y en ese periplo hemos manifestado conductas oscuras en vidas anteriores. Al no recordarlo solo nos queda la sensación de esos actos y pensamientos oscuros en nosotros, olvidando que eso formó parte de la evolución de nuestro ser y que tenemos el deber de perdonarnos para no seguir practicando estos comportamientos oscuros ¡No hay nada más dañino que la culpa que nos conduce al castigo!

La segunda razón; que nos hace sentir culpables es; que nos sentimos culpables porque no estamos haciendo lo que prometimos al embutirnos en el cuerpo humano, llevar a cabo nuestra misión, alumbrar nuestra oscuridad, distinguir y escuchar a nuestro corazón por encima de nuestro ego- Eres un ejemplo de amor y felicidad, se auténtico-

Recordemos, sentirnos culpables por lo malo que hayamos hecho, es una contradicción, porque la culpa al igual que los comportamientos oscuros por los que nos sentimos culpables, alimentan a las mismas corrientes oscuras del sufrimiento, no son emociones del corazón.

Atrevámonos a recordar

¡No importa lo equivocado que estemos, tú como yo, hasta este momento! Recordemos, el tiempo pierde su importancia, al tomar conciencia nosotros, de nuestra naturaleza eterna. ¡No importa que hasta ahora hayamos vivido en el olvido y ajenos a nuestra misión, lo importante es retomar el camino en el amor, la alegría y la felicidad en el momento presente!

mancha1

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: