La venganza que una mujer planeó, no se la va a comer fría ya que la pensó para cuando ya no pudiese tragar ni agua. Es muy cierto que la vejez es muy triste más que nada por la indiferencia que muchas personas sufren por parte de los familiares que no quieren sacrificarse cargando con los achaques y problemas derivados de la edad de sus familiares (muchas veces padre o madre) y que necesitan cuidados. Cuando más cariño y afecto se necesita es en la vejez y tristemente esto es a la inversa, pues cuanto más la sociedad avanza, más aumenta el abandono por parte de los familiares más directos.

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Si se visita una residencia de ancianos, se puede observar la tristeza  en los ojos de los residentes que alejados de su familia permanecen como ausentes del mundo, ignorados por los 3 o 4 o más hijos a los que criaron, dieron estudios y trabajaron para que no carecieran de nada. Absortos en su profunda tristeza, se miran unos a otro, como queriendo adivinar cual será el siguiente en partir a la eternidad y  librarse del sufrimiento del abandono y soledad.

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Son las sociedades modernas las que promueven el internamiento en residencias a los ancianos, todo lo contrario de las costumbres antiguas donde los ancianos eran venerados y respetados por grandes y pequeños. Doña Soledad Hernández Rodríguez, quiso dejarles un mensaje envenenado a unos familiares ingratos, por egoístas y desalmados, que no le dieron apoyo y consuelo en su larga enfermedad. Para vergüenza de sus hermanos y su hija (parece que el hijo se salva),en la esquela publicada en el periódico ABC que dejó encargada, pide el perdón para estos familiares que la abandonaron. Un perdón que es un arma de doble filo y demuestra el ingenio para la  sutíl venganza de la fallecida.

 

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Este proceder, trae a la mente una antigua moraleja... Un campesino llevaba  a su padre a la ciudad para dejarlo en una residencia de ancianos para no tener que cargar con sus achaques. En un tramo del camino se toparon con una piedra bastante  grande y dijo el anciano; "Déjame reposar un poco que estoy muy cansado", se sentaron ambos y al momento dijo el anciano; "Sabes hijo, en esta piedra se sentó mi padre cuando lo llevé yo para internarlo...y ahora soy yo el que sienta en  el mismo lugar", avergonzado el hijo se levantó y le dijo; "Padre, vámonos para la casa, no quiero ser yo el siguiente en ocupar este lugar".

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