Escribir sobre este tema, quizá hace que por lo repetitivo y monótono a muchos repela; pero por inmensa desgracia no sólo hay que escribir sino estar al tanto porque, aunque aún muchos no lo creen y se mantienen indiferentes, todos somos potenciales víctimas hasta fatales de la REVOLUCIÓN CHAVBURGUERIANA.
Hasta cuándo vamos a seguir como que vivimos en un paraíso, no lo sé; lo que sé es que esa aptitud es la que va a contribuir con nuestra mayor desgracia: como un enfermo de cáncer, recién diagnosticado a tiempo, que prefiere no operarse (por un sin fin de excusas expuestas como motivos "valederos"): el resultado es que, cuando decida operarse tal vez es demasiado tarde y, opérese o no, de cualquier modo el fin es seguro y bajo horrorosos padecimientos. Un país, y el mundo también, es como un cuerpo humano (o animal cualquiera); las enfermedades hay que atacarlas a tiempo o llegan a dolorosas faces terminales, luego de lo cual poco o nada es posible hacer.
Es asombroso ver la gente en Venezuela, sobre todo la que aún se cree libre y que nadie se va a meter con ellos. Estamos quedando sin comida, sin agua, sin recursos energéticos (muchos no saben siquiera que Venezuela hasta gasolina está importando), sin seguridad (económica, personal, jurídica, social, laboral... y paremos de contar), sin aceptables servicios de salud; Venezuela está cayendo en el terreno de la "ideologización" profunda, de la desidia, del irrespeto, de la degradación a todos los niveles, de la indolencia (y la educación está siendo encaminada a acrecentar y mantener esa condición y la de matar a quien sea por defender la revolución). Las ciudades del país parece que lloraran y sus habitantes ni escucharan: anarquía vehicular, vías públicas pestilentes y en avanzado estado de deterioro general, basura por donde quiera, ahora ya se ven hasta ruinas (como en cuba) de casas abandonadas o edificios expropiado-invadidos que anidan delincuentes prestos a defender la revolución por un mendrugo y cuatro reales, cultura de la "cola" para que la gente se acostumbre a hacer colas rodeada de inmundicias y pestilencias y la gente parece indiferente. Aquí es obligatorio "pagarle" a la delincuencia que gobierna porque si no pagas incurres en ilícito y eres sancionable, pero esa delincuencia le debe a todo el mundo (además de que no invierten los impuestos en bien de la gente sino que se los roban) y hay que "morir" callado. Somos irresponsables, y pagaremos con amarguras nuestras indiferencia e ignorancia desgraciadas.
Somos tan irresponsables que la inmensa mayoría de nosotros nada hace por la comunidad, y si vivimos en edificios ni a reuniones de condominios vamos aupando así, con nuestra indiferencia, que nos roben y hasta se deterioren las áreas comunes.
Somos tan irresponsables que, si nos empujan mucho, respecto a la vida sociopolítica del país, decimos: "Yo no soy político, que se encarguen los políticos...; lo que pasa es que no hay líderes...; hace falta mano dura..." y decimos cualquier cantidad de sandeces. Los políticos buenos, abandonados por nosotros, están sentenciados a perderlo todo (hasta sus familias y la propìa vida); los políticos arrimados, que buscan sólo cómo acomodarse y vivir bien, son traidores de nosotros y nosotros los ayudamos a traicionarnos: ellos hasta pactan con el gobierno y sienten que en una Venezuela como la que se está construyendo (de barbarie y de miserias) ellos tienen buen futuro asegurado.
Venezuela está siendo entregada, descapitalizada, mancillada ante el mundo, de ella todo está siendo destruido y a la basura los años de esfuerzo y honesto trabajo de tanta gente bella por dentro que siempre pensó en trabajar (hoy son peor que ratas ante los ojos del "gobierno" y frente a la indolencia de quienes todavía no han sido tocados).
El gran daño que le han hecho a Venezuela, desde los años 80s, la camarilla mal llamada bolivariana y su "líder", es descomunal; pero la tristeza se agolpa en el corazón, al ver, en la cara de la gente, aceptar resignada que continúe la consumación de daños al país, muchos de los cuales serán irreversibles por muchas generaciones.

¡Pobre Venezuela, perdónanos!, tus hijos somos una manada de idiotas, el himno se equivocó.

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