Hace un tiempo decidí emprender un viaje, decidí conocer un poco más de mi país, Venezuela, y, con suerte, disfrutar de él. Pero, increíblemente, poco a poco desistí de ello, por algunas razones que estoy segura que pocos entenderán. O quizá muchos, incapaces de admitirlo. Decidí darle "delete" a este viaje de mi mente y de mis planes, únicamente porque tengo miedo. Miedo de las personas que no temen hacer daño, vamos, que en todo el mundo existe gente así, pero, aquí... Aquí es una novela de Stephen King.

Quizá debí disfrutar del país de hace 15 años, quizá soy y fui una tonta por no hacerlo. Pero hace 15 años, yo tenía como 10. Era sólo una niña, que nunca pensó que su adorado país sería lo que es ahora. Y, es que creo que nadie lo llegó a pensar. Ahora, estoy en busca de un país que me permita ser quien quiero ser, pero técnicamente el país no es quien tiene que cambiar, sino quienes habitan en él. Todos tenemos derecho a vivir sin miedo, ¿no?, tenemos derecho a luchar y trabajar por nuestros sueños. Lastimosamente, vivir aquí es teclear un comando obligatorio de no-soñar. A menos que, tus sueños se centren en emigrar, y eso, llega a ser casi imposible.

Busco esa Venezuela de la que hablan mis tíos, mis padres, los padres de mis amigos. Yo no nací ni crecí en esa Venezuela. Crecí en una adoctrinada que, quizá, sin saberlo, abría su camino al desastre. Un camino, que, sin dudas, forjamos nosotros mismos. Un camino que nos obliga a sobrevivir y no a surgir y triunfar. Me entristece que un país tan rico, sea tan pobre. Sí, pobre económicamente, pero, peor aún, pobre de consideración, de amor al prójimo, de amor al país que indudable y orgullosamente llevamos en las venas.

Quisiera encontrar esa Venezuela que nunca conocí, donde puedes salir tranquilo y no te importa ayudar al vecino o a un desconocido. Donde ser exitoso no sea sospechoso y donde el color que resalte del tricolor de la bandera, no sea el rojo. Quiero un país donde mis hijos crezcan con valores, con salud mental, sabiendo que sí son capaces de surgir y que sí son capaces de lograr sus sueños.

Quiero a esa Venezuela que se extravió hace mucho, y, seguramente, muchos quieren encontrarla, como yo.

Que Dios bendiga a Venezuela

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