Corría el año 2016 y en la Ciudad Jardín al centro de Venezuela, la sequía amenazaba con extinguir la vida vegetal además de la paciencia de sus habitantes; los racionamientos de luz, los cortes del vital líquido, la preocupación por los bajos niveles en las represas caldeaban una situación de por sí tensa por los problemas económicos y sociales que golpeaban a todos a diario. Sin quererlo me enteraba de las noticias, eso de vivir en una avenida concurrida tiene sus ventajas y desventajas.

  Las fuerzas se me acababan, la contaminación en todos sus tipos me enfermaba y se notaba en mi exterior, mis hojas amarillas, delgadas y mirando hacia el suelo me delataban, por ello decidí dormir hasta que pasara "el temblor" como dice un famoso rockero suramericano. Así no gastaría muchas energías y podría despertar al siguiente año cuando empezaran las lluvias, el ser mayor de edad me permitía estas y otras cosas..

  Así que esperaba un año donde se fueran solucionando las coyunturas poco a poco, para que las sonrisas de los niños volvieran y las quejas se esfumaran, no quería ver a la gente como yo, con aspecto deteriorado sino con buen semblante. Con los primeros rocíos me preparé para abrir los ojos pero no fue suficiente...

  Lamentablemente me encontré como en otra dimensión, eran los mismos edificios, las calles, pero las personas, esas que en otro tiempo iban de prisa a sus trabajos, al colegio, que se saludaban alegremente, ahora estaban tristes y lo que es peor sin esperanzas, hurgando entre la basura para poder alimentarse, me impresioné mucho cuando vi familias enteras haciendo cola para revisar las bolsas de desperdicios que habían a mi alrededor.

  Oírlos me partía el alma, muchas empresas cerradas dejaban a miles sin trabajo, los que huían a otros países, los problemas que ya existían unos meses después estaban acrecentados, ¡parecía imposible que todo hubiera cambiado a peor! me dió miedo, lamenté el haber dormido por tanto y tan poco tiempo, la impotencia reinaba por doquier, los lamentos eran frecuentes por la escasez de medicinas, la inflación, la inseguridad, la mala calidad en los servicios públicos, las promesas electorales vacías...

  Era muy difícil el día a día, las lluvias inundaban las calles creando más obstáculos para la sociedad que quería seguir con su existencia de la manera más digna posible, comenzaron las protestas y con ellas el pavimento se llenó de sangre, el ambiente de humo y gases lacrimógenos, el sufrimiento se elevó a lìmites insospechados, jóvenes dando sus vidas, familias separadas para siempre y al cabo de semanas, unas elecciones y la fe de millones de venezolanos enterrada.

  De nada valieron las manifestaciones ni los resultados electorales, humanamente no hay salida inmediata al grave panorama de este paìs, sin embargo, hay personas que creen que más temprano que tarde saldremos del túnel y esta experiencia nos hará más fuertes, mejores seres humanos, quienes salieron de la frontera volverán a reconstruír también la patria de Bolívar y el agradecimiento se respirará a cada instante.

  Pero vamos un paso a la vez, este 2019 nos planteamos ser menos egoístas, más unidos, disfrutar las cosas buenas de la vida que son gratis: compartir con la familia, desempolvar los juegos de mesa, aprender manualidades, otras recetas, animarnos los unos a los otros, ayudar a los más desfavorecidos, idear nuevas formas de obtener ingresos, abrazar más fuertemente a los principios y valores que tanto hacen falta en esta sociedad, nos planificaremos, reajustaremos los presupuestos y todos en un mismo sentir le pediremos al Dios de los cielos que tenga misericordia de nosotros y nos haga salir de esta crisis.

  Yo quizás no podré participar en todo aquello, pero tengan la seguridad que con todo y miedo embelleceré este espacio, daré sombra al cansado que se refugie debajo de mí, limpiaré el oxígeno de Maracay, seré el asiento de pichones que engalanarán las mañanas con sus cantos, me haré de oídos sordos a las críticas negativas y oraré al Todopoderoso, no seré un cobarde cerrando los ojos sin poner mi granito de arena, puedo y seré parte de la solución, aquí, desde mis posibilidades y estoy seguro que antes que mis raíces lleguen a la arena veré el renacer de Venezuela y celebraré, tal vez hasta regale flores a los transeúntes y me despediré, mis hojas secas volarán por el cálido cielo, mis ramas quebradizas servirán para hacer otros nidos, mi tronco será cortado pero la satisfacción de haber sido protagonista, no me será jamás quitada.

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