Diego Rodríguez de Silva y VELÁZQUEZ se considera uno de los más grandes pintores del “Siglo de Oro” español, reconocido también como uno de los maestros de la pintura universal. Así y todo son muchas incógnitas las que rodean su vida. Se dice que fue una persona de costumbres metódicas para el que los acontecimientos más relevantes de su vida debieron quedar marcados en su obra.

En 1623 el Conde Duque de Olivares facilitó su entrada en la Corte de Madrid, donde instaló su casa y su taller. Gracias al acercamiento a la nobleza mantuvo una estrecha amistad con FELIPE IV, que le ofreció la posibilidad de viajar por Italia para conocer la obra más influyente de su época. De 1630 a 1649 aparecen los años de trabajo más intenso para Velázquez y a propuesta del Rey vuelve a viajar a Italia con el fin de comprar obras de arte para la colección real. Es en este viaje en el que aprovecha su estancia de dos años para pintar.

En la última etapa del pintor hasta 1660 Velázquez ultima algunas de sus mejores obras como “LAS MENINAS” y “Las Hilanderas” hecho que le permite obtener el reconocimiento real y recibir el nombramiento para dedicarse a cargos palaciegos que le impedían pintar. De entre estas tareas destaca el de aposentador mayor que le obligó a preparar parte de la boda de la infanta María Teresa con Luis XIV de Francia.

La producción artística de Velázquez fue escasa pero la calidad de sus obras fue brillando poco a poco porque aunque su técnica alcanzó un nivel de perfección muy alto su capacidad compositiva llegó poco a poco. Fue un pintor que realizaba sus cuadros sin bocetos previos en el lienzo, gracias al dominio sobre el dibujo y sobre el espacio. Este su obra destaca el retrato.

Velázquez, el pintor de cámara

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: