Hoy les presento una historia diferente.

 

 

  El viejo Roberto, aunque siempre vivía como en las nubes, no pudo evitar la sorpresa cuando vio el retrato en la pared de sus nuevos vecinos. En ella podía verse una familia muy abrazada junto a un panteón en un Campo Santo.

  Roberto marcó en su mente el rostro de una muchacha de la foto, además le era muy conocido el lugar captado por la cámara.

  Una tarde se decidió definir sus dudas y entró a la casa resuelto a descubrir quién era la joven de la foto, logró, sin explicárselo, pasar inadvertido por la puerta mientras el vecino y la hermana salían del lugar.

  Tomó la foto en sus manos… ¡no podía creerlo! Además no tuvo tiempo, porque fue atacado con un cuchillo por la misma joven que observaba en la foto; su única defensa fue precisamente la fotografía que tenía en la mano y esta fue destrozada por su agresora, que se eclipsó al instante frente a él. La estampa, también de manera instantánea, se reconstruyó. Y Roberto la colocó en su lugar; saliendo rápido; el abuelo de la casa, parado en el portal, no lo notó.

  Alterado pasó su puerta, ¿qué pasaba? ¿por qué ese ataque de Carmena… Pero, ¿era Carmena? Fue su primera novia de la juventud; por qué lo atacó con esa fuerza.

  Siempre sintió remordimiento de su conciencia por haberla abandonado encinta, él pensaba haber vencido ese fantasma de espíritu que lo golpeó toda la vida, pero al parecer no era así. Aunque esta vez no fue la difícil pesadilla de siempre, el ataque por parte de Carmena había sido bien directo…, pero cómo, si ella estaba muerta.

  Entonces Roberto volvió a repasar la foto en su mente y reconoció al padre de Carmena, también a la madre. Y comenzó a atar cabos. No podía haber otra solución, el destino había colocado como vecinos suyos a los familiares de su «amada» novia de la adolescencia.

  ¡Cuánto sufrió por abandonarla! Solo él lo sabía, pero sus padres no aceptaron de ninguna manera la llegada de aquella nueva criatura al mundo y con eso lograron, prácticamente, eliminar una familia completa: la que estaba en la foto.

  Además, destruyeron su vida, porque alguien, de alguna manera, le hizo llegar la carta de Carmena despidiéndose y culpándolo por quitarse la vida. Además; no lo perdonaba.

  Entonces Roberto reaccionó y, sin pensarlo, se lanzó en busca de la foto nuevamente.

  Como en la otra oportunidad, nadie lo percibió en la sala de la casa y con más esmero examinó foto y pudo leer la pequeña lápida ubicada encima del panteón junto a la familia:

 

“Roberto Baldees Pérez, 5 de mayo 1909—8 de febrero de 1935

Carmena Morales Ortiz, 6 de noviembre 1916—8 de febrero de 1935

UN AMOR QUE PROVOCÓ LA MUERTE”.

 

  Sintió de nuevo el ataque de Carmena y esta vez la dejó que «insertara» el cuchillo.

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