A veces invade un deseo de ampliar horizontes

A veces nos invade un deseo imperativo de ampliar nuestros horizontes y huir de lo que somos ahora, de lo que está en nuestro rededor, en un instante. También es cierto, que no todos abrazamos esta posibilidad para hacerlo. Ustedes saben que cada uno de nosotros guardamos recuerdos que nos impiden escapar. Este cambio requiere mucha determinación y no es tan fácil asumirlo.

¡Ciertamente no hay una respuesta para esta interrogante! La realidad nos indica, que son caminos de libre elección que se abren. Momentos para tomar decisiones, emprender nuevos rumbos. Hay circunstancias en que no es fácil elegir entre permanencia o cambio. La vida en sí, es una paleta de colores, matices, grises…, de pequeños episodios que nos trasladan de un camino a otro.

Hay individuos que les aburre la estabilidad. Emprenden camino hacia un horizonte abierto, en la búsqueda de nuevas cosas, de sueños que son apenas un bosquejo de lo que quieren, son alérgicos a la rutina. Se conmueven y ponen rumbo, avanzando caminos, dejando tras de sí una existencia con visos de felicidad plena.

¿Evolución, estabilidad?

Hay quienes describen a los sedentarios como conformistas, como seres supeditados a la permanencia, seguridad, estabilidad. Precisamente donde los cambios no se producen y no hay la mínima posibilidad de enfrentar lo inesperado ni de afrontar cosas nuevas. Observadores críticos, inconformes. Son capaces de echar raíces, de sumirse en una vida de sufrimientos, por temor a lo nuevo, al cambio.

horizonte

Entonces es mejor guardar silencio para no hacer preguntas, y así no descubrir que existen otras posibilidades, opciones que explorar, que tal vez nos hagan más felices. De seguro no es nada fácil, los cambios representan un riesgo y una incómoda incertidumbre.

Sin embargo, lo más valioso en esta vida es la facultad de sentir, adquirir experiencia y madurez, sabiduría, entendiendo que la vida está inmersa en un cambio perenne. Como personas, debemos ser aptos para enfrentar todas esas circunstancias que vienen y van, en algún momento vendrán acompañadas de lo bueno, otras no serán tan buenas.

La importancia de la vida radica en que la asumamos con plenitud, permitiéndonos disfrutar cada vivencia. En cuanto ello se establezca, cuando sintamos que la felicidad nos está arropando con su halo maravilloso, amárrate a ella y, extiende tus manos para que perdure en el tiempo y no te abandone. Sé arrojado, valiente, asumiendo auténticamente, el desafío de la estabilidad y de la permanencia.

Medita ahora. Si andando el tiempo tomas cuenta que tu felicidad se está contagiando de sufrimiento, asúmelo con coraje e hidalguía y emprende el cambio con integridad y madurez. La propia felicidad es con mucho lo más importante, en salud y bienestar.

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