Leo en toda la prensa de hoy que vamos camino de los cinco millones de parados “oficiales”. Que una economía con más del 20% de desempleados no es viable. Que lo de Grecia es de risa comparado con lo que tenemos aquí.


¿Y por qué no ha “petao” esto todavía? Nos preguntamos muchos.

Parece ser que por los subsidios que provienen ya del endeudamiento nacional, del dinero negro que quedaba por ahí (casi todo procedente de la construcción y de los extranjeros), y gracias a la ayuda de la generación de nuestros padres. Ellos, que a base de esfuerzo y trabajo pagaron sus hipotecas, ahora tienen que dedicar sus pensiones a pagar las de los hijos para que no les embarguen el piso o sin más, para que coman y se vistan los nietos.

Y porque los sindicatos en lugar de hacer la labor que les corresponde, se dedican a manifestarse con banderas republicanas, insultos a los jueces (menos a Garzón, claro) y fotos de fallecidos hace setenta años. Con mi respeto por todos los fallecidos de ambos bandos en una guerra civil atroz.

Steve no lo entiende, dice que si en Irlanda le pidieran cuenta a los británicos por los años de ocupación y bestial opresión, no avanzaría el país a cuenta del odio y la venganza. Que hay que mirar hacia el futuro.

Aquí no, aquí ahora nos vamos a pelear unos con otros por la ideología de nuestros respectivos abuelos. Y que no llegue a más. Porque como prenda, a ver quién lo apaga.

Mientras tanto, las empresas quiebran por minutos, por no hablar de las constructoras. Muchos ayuntamientos, endeudados, y otros tantos envueltos en escándalos de corrupción urbanística.

No hay respeto a los profesores. El fracaso escolar es rampante, y debido a la política lingüística autonómica, hay niños en pueblos de la costa que siendo por ejemplo de padre alemán y madre española, y viviendo en un municipio de habla castellana, tienen que estudiar a la fuerza en valenciano. Viva la libertad. Con todo mi respeto también por el valenciano, y el que siempre me han tenido mis amigos que lo hablan y sin embargo se dirigen a mí en castellano.

Los jóvenes licenciados y preparados, ante el panorama existente, se están marchando en masa al extranjero en busca de trabajo y oportunidades (donde les va a venir mejor el inglés que el valenciano, el catalán, el gallego o el euskera).

A ver, si la TVE ( a punto de ser inviable sin anuncios) pone “Españoles en el Mundo”, donde ven como gana más uno trabajando ocho horas a la semana fregando platos en un restaurante de Edimburgo que aquí en todo el mes con una licenciatura y dos másters. Así lo hice yo en los noventa. Sólo que los que se van ahora probablemente no regresen. El futuro se está volviendo muy negro.

Por cada licenciado que se va, entra un par de jubilados ingleses o alemanes o de donde sea, que se operan desde los juanetes a la próstata a cuenta de nuestra maltrecha sanidad mientras se quejan de que el médico que les trata no habla su idioma (pero habla valenciano, por eso le dieron la plaza).

Y estos, que ya operados y renovados empiezan a largarse de vuelta a sus países, reciben la pensión de sus gobiernos, pero los inmigrantes que llevan años llegando en tropel y ahora se encuentran en situación desesperada, no tienen ni padres para mudarse a su casa, colchón al hombro.

En la calle San Bartolomé de Campello (calle principal) hay siete tiendas de chinos, así como quién no quiere la cosa.

En el Corte Inglés te acosan las dependientas.

En tu casa te acosa Jazztel.

La seguridad ciudadana bajo mínimos cuando los policías se tienen que comprar sus propios chalecos antibalas y no les funcionan los walkie-talkies.

La justicia sin medios, cuestionada y desprestigiada, y los socialistas (Bono de portavoz) diciendo que no hay que confiar en los jueces, que hay que confiar en Dios. Si, y en la divina providencia. Alucinante.

La ley de igualdad de Aído “la miembra”, ha llevado el caos a las saturadas cárceles, donde las funcionarias tienen que lidiar en peleas de presos de dos metros , y los funcionarios en los módulos de mujeres se dedican a lo que por lo visto se dedican (algunos, no debemos generalizar).

Los nacionalistas organizan sus propios referendums, a los que no acude casi nadie, pero ellos a su bola, hacen bien. El lío de los estatutos, ni lo entiendo ni falta que me hace.

Desde el coche observo los bloques en construcción que se han quedado a medias, los centros comerciales y los cines cerrados y abandonados, las paredes sucias y llenas de grafitti. Paseando veo a los rumanos mendigando mientras tocan el acordeón (sobre esto tengo que escribir otro día, por cierto), a los sin techo en los parques, que no se pueden ni tumbar en los bancos porque les han puesto una partición de hierro a mala leche.

Me cruzo con un chico que lleva los vaqueros “arrastraos” y una camiseta negra en la que imitando el logotipo de “Everlast” pone en blanco “Antifascista” y abajo en pequeño, “siempre”. Me pregunta, sin decir ni buenas tardes, por una calle, y comenta: Me recuerdo que era por aquí, pero me se ha olvidao el nombre de la puta calle. Le indico dónde es, y se va sin darme las gracias.

Bueno, por lo menos no me ha dao una hostia por fascista. Que no lo soy, pero como llevo los vaqueros bien puestos, no llevo rastas, kufiya palestina y/o pulserita de bandera republicana, y conozco la sospechosa calle General Lacy… (que no era un general de Franco, por cierto, si no de la Guerra de la Independencia, de ahí que siga en su placa el buen hombre).

Al llegar a casa le comento a Steve que han puesto particiones en los bancos de Canalejas para que no se puedan acostar los indigentes y me contesta: No, no es para que no se acuesten los “homeless”, es para que no se tumben los del “botillón”.
Vamos apañaos.

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