LA PRESCRIPCIÓN MÉDICA

De acuerdo con los informes sobre “quejas de los pacientes”, una gran parte de ellas se da en el renglón de las prescripciones, consideradas “repetitivas e inapropiadas”.
Aunque la responsabilidad de esta situación no tiene una sola causa, gran parte de los pacientes se lo atribuyen a la “medicina institucionalizada y no debidamente controlada”, que conlleva a que en muchas EPS “la prescripción por parte del médico se convierta en un acto puramente reflejo”.
Uno de los actos más frecuentes de la actividad médica es extender una receta en la que se prescriben medicamentos para el paciente que el médico acaba de escuchar y explorar. No es habitual conseguir convencerle de que, en ocasiones, no es preciso ningún medicamento para curar su enfermedad o aliviar su síntoma, convirtiendo a la prescripción en un acto rutinario con el que finaliza la visita en la mayoría de consultas médicas, es, sin ninguna duda, una rutina diaria de la vida de casi todos los médicos.
Y es tan fácil extender una receta y tomar una gragea que tanto médicos como pacientes ignoran los riesgos que siguen tras realizar uno u otro acto.
Por esta razón la formulación de fármacos debe realizarse optimizando al máximo la relación entre el beneficio que puede conseguirse y los problemas que pueden originar. El hecho de que no siempre sea así origina reacciones de rechazo como viene sucediendo a las prescripciones o formulaciones médicas.
Desde luego que la formación universitaria sobre los medicamentos que los futuros médicos van a prescribir con tanta frecuencia es inferior a la necesaria a pesar de lo que va a representar en su actividad profesional, sobre todo si se la compara con la generosa formación que reciben en otras áreas de las que van a dar poco uso. Y, una vez graduados, es muy poco que sigan recibiendo por parte de las entidades académicas universitarias o de las autoridades sanitarias, la formación continuada en terapéutica farmacológica. La mayor parte de la información que llega a los médicos la transmiten de forma directa o indirecta las empresas farmacéuticas, y, por motivos obvios, no siempre es la más imparcial.
La misión principal de los profesores universitarios que estamos en Farmacología y Toxicología es dotar a los estudiantes de los conocimientos básicos, la actitud crítica suficiente y la metodología adecuada para que la prescripción se convierta en una decisión racional. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en los últimos años, la disponibilidad de nuevos medicamentos, los conocimientos sobre su mecanismo de acción y sus efectos farmacológicos, han crecido y vienen cambiando de tal forma, que dada la rapidez en estos cambios, convierte en tarea casi vana intentar enseñar a los estudiantes todo lo que sobre los medicamentos se conoce. Los planes de estudios deberían tener en cuenta esta situación, para que se emprendan programas de educación continuada en esta materia, que redunde en beneficio del médico y, sobre todo, en el de sus pacientes, quienes no pueden ni deben verse perjudicados por su ignorancia ni su irresponsabilidad.
Rudolf Buchheim, el creador de la farmacología como disciplina independiente, ya advertía que “si con los medicamentos ocurriera lo mismo que con el escalpelo o bisturí que al ser utilizado por el lado incorrecto corta el dedo del cirujano, los médicos lo utilizarían con mayor precaución”.
Los médicos deberían  tener presente siempre esta aseveración cuando vayan a prescribir un medicamento y abstenerce si no estan seguros de que el beneficio que se espera es superior al riesgo de su administración.

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