En su Palabra Dios llama al rey David “un varón conforme a su corazón” (1 Samuel 13:14). Hacia el final de su reinado, David tuvo que huir lejos de Absalón, su hijo, quien se había apoderado del reino y había levantado una tropa para perseguir a su padre. Éste, con los que permanecieron fieles a él, “subió la cuesta de los Olivos” llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos (2 Samuel 15:30). Cuando llegó a la cumbre se postró y adoró a Dios (v. 32). Luego prosiguió el camino hasta el otro lado del Jordán. Lo que expresó allí forma parte del Salmo 3: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Señor me sustentaba” (v. 5).

Sin embargo, David era muy vulnerable: estaba cansado; no disponía de muchos soldados, pero no le importaba. Se acostó sabiendo que podía dormir. Más, ¿Quién podría dormir en semejante situación?

También sabía que despertaría, tenía confianza, sabiendo que Dios lo protegía. No se preocupaba por su vida. Podemos envidiar esta confianza, que es ofrecida al creyente de nuestra época al igual que en tiempos de David. Nuestro Dios siempre es el mismo, es todopoderoso y nos ama, por eso podemos leer en la epístola a los Filipenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: