Todo ha cambiado en la actualidad, sobre todo si echamos la vista atrás y recordamos los tiempos de nuestras madres o nuestras abuelas, cuando eso de ser virgen hasta el matrimonio era algo casi obligado, y si no se llegaba virgen si intentaba disimularlo de la manera más eficaz posible.

Y casi todas estaremos de acuerdo en que las cosas han mejorado en muchos aspectos, sobre todo en las libertades y la omisión de prejuicios, y las ventajas son muchas más que los inconvenientes, pero hay un pequeño detalle que en tiempos pasados tenía mucho encanto  y emoción, y era el hecho de pasar la noche de novios, y por fin poder consumar el matrimonio.

Y aunque ahora afortunadamente, ya nos casamos conociendo todas las “cualidades y defectos” de nuestra pareja, podemos conseguir un poco de esa emoción, si ponemos un poco de esfuerzo y cariño.

Para conseguirlo, es primordial no mantener intimidad con tu pareja el máximo tiempo posible, si lo soportáis, sería bueno mantenerse  en celibato incluso unos quince días, pero eso ya lo dejamos a la elección de cada una, aunque tened en cuenta que mientras más aguantéis más ganas tendréis los dos en la gran noche.

Eso sí, antes de llevar a cabo esta idea, es imprescindible que lo hables con tu pareja, para que no haya mal entendidos, y pueda incluso pensar que tienes un problema con él, y al final el resultado sea un problema en vez de un dulce y deseado momento.

 

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