El Hotel Abba hace nada que ha sido abierto al público. Se inauguró en noviembre de 2009 y nosotros los estamos disfrutando estos días en nuestro tour veraniego. Le dije a mi santo esposo que buscara un hotel recién construido. Estaba harta de ir a hoteles que necesitaban a gritos una reforma o a hoteles reformados cuya reforma dejaba bastante que desear.


Pues bien, acabamos en el Hotel Abba de Granada. Es un hotel que te ofrece unos precios bastante competitivos en estas fechas de temporada alta. La habitación nos ha salido a uno 60 euros.


Me llamó la atención la excesiva seguridad que hay en el hotel. Es imposible que se cuele nadie. Para subir en el ascensor tienes que pasar la tarjeta de la habitación. De lo contrario, ni te deja marcar el número de planta. No sé si es que piensan que vendrán algún día los Reyes de España de vacaciones por aquí.


Si alquilas un coche o viajas con el tuyo, es casi mejor perder el tiempo dando vueltas para encontrarle un hueco en la calle que perder 16 euros en el parking de pago del hotel. Es una pasada lo que cobran por el parking.

 

La insonorización de las habitaciones es muy buena. No oyes cisternas de noche ni ruido de los niños de los vecinos de pared. A ello contribuye la mucha moqueta que hay por los pasillos y la tarima de madera del suelo.

 

En las habitaciones funciona muy bien la conexión a Internet, presente en todas las dependencias del hotel porque es una Wii Fii. Nuevamente aquí vuelvo a recalcar la seguridad. Como no te sepas la clave que te proporcionan en recepción es imposible conectarte.

De la habitación yo destacaría el cuarto de baño. Me sorprendió con una bañera de hidromasaje que me vienen ganas de robársela y llevármela para mi casa. En cuanto al kit de baño, no hay manera de robárselo. El gel y el champú te los meten en unos dispensadores que casi parece que estás en los baños de una estación de autobuses y no en un hotel donde eres bienvenida.

La caja de seguridad no la dábamos encontrado hasta que abro el armario y allí la teníamos medio escondida. El boleto de la bonoloto de mañana acabará allí esperando la noticia de los números de la suerte. Cruzo los dedos pro un reintegro al menos.

 

El primer día ya detesté la almohada de la cama. Bueno, las almohadas de todas las camas de la habitación. Estoy durmiendo sin almohada porque no resiste mi cabeza semejante altura. El colchón es muy cómodo y no hace falta almohada.

 

En nuestra habitación las camas son individuales. Las habitaciones con cama de matrimonio, dicen que las tienen, estaban ocupadas.

 

Las camas y el resto de los muebles son muy sencillos y contrastan con unos cortinones que parecen los de la casa de mi abuela de lo gruesos y pesados que son. Casi era mejor que hubieran puesto persianas, que no pusieron, y quitaran estas cortinas que parecen salidas de un anticuario barato.

 

Si quieres tomar un desayuno en el hotel, ya estás espabilando. A las diez dejan de servir desayunos y los fines de semana es a las once cuando echan el cierre de los desayunos. Un poco temprano para nosotros.

 

Los alrededores del hotel son preciosos. Fuimos a la Alhambra varias veces. Yo me quedaría a vivir allí si lo permitieran.

La única queja que tengo de este hotel es el trato del personal. Son un poquito bordes. Les haces una pregunta y te dan unas contestaciones que parecen funcionarios de prisiones. No están a la altura de un hotel recién estrenado en el que no falta nada en las habitaciones. Televisor de plasma, minibar bien surtido, secador para el pelo, Internet,...

También están un poco escasos en la limpieza de las habitaciones. Se nota que no se matan. Yo siempre les dejo la ropa de las camas sacada y ya me han mirado varias veces con unas caras de madre superiora de convento las que vienen a hacer las camas. Seguro que pretendían estirar la ropa y dejarnos las camas sin hacer.

 

 

 

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