Nuevas observaciones realizadas con un satélite de la NASA revelan que una capa de la atmósfera exterior de la Tierra actúa como un escudo de calor, absorbiendo la energía de las tormentas espaciales y reduciendo su habilidad de calentar la baja atmósfera. Sin embargo, ello crea una nube de plasma que rodea al planeta y que afecta a los vehículos que la atraviesan.
Dicha nube de plasma, gas electrificado a miles de millones de grados de temperatura, está tan caliente que sus partículas actúan como si fueran radiación, perjudicando el funcionamiento de los satélites que evolucionan en órbitas medias y altas. El descubrimiento ha sido realizado por el Imagen por Magnetopausa para Aurora Global Exploración  (IMAGE), un vehículo espacial lanzado recientemente.
Anteriores misiones ya habían proporcionado evidencias provisionales de este comportamiento, pero el IMAGE nos ha enviado la primera imagen global del papel activo que la ionosfera de la Tierra tiene durante las tormentas espaciales. Hasta ahora, se creía que era el propio viento solar, partículas que proceden de nuestra estrella, quien proporcionaba las partículas energéticas responsables de estas tormentas.
El escudo terrestre que nos protege de ellas es una capa tenue (la ionosfera exterior) situada a entre 300 y 1.000 km de la superficie y que además contiene átomos cargados eléctricamente. Este escudo absorbe la energía de las tormentas lanzando algunas de sus partículas cargadas al espacio, explica Stephen Fuselier, del Lachead  Martin Avances Tecnología Center. Las partículas expulsadas obtienen una altísima velocidad a medida que abandonan la atmósfera, y quedan atrapadas por el campo magnético terrestre, formando así parte de la nube de plasma que rodea a nuestro planeta. Se puede decir que aproximadamente la mitad de la energía depositada por las tormentas espaciales se ve absorbida de esta manera.
El viento solar, un plasma de alta velocidad (400 km/s) que procede del Sol, baña constantemente la Tierra. Si ésta no tuviera una magnetosfera, el viento solar acabaría erosionando nuestra atmósfera, haciéndola desaparecer casi por completo.
Pero la magnetosfera no es nuestro único escudo. Dado que el viento solar está compuesto por partículas eléctricamente cargadas pasando junto al campo magnético terrestre, se genera una corriente eléctrica de millones de amperios, que circula a lo largo de las líneas magnéticas y que bombea billones de vatios de energía, sobre todo sobre las zonas polares, creando las populares auroras. Sin nuestro escudo contra tormentas espaciales, el calor procedente de estas enormes corrientes eléctricas haría que la baja atmósfera (baja ionosfera) se expandiera, algo que aumentaría el rozamiento experimentado por los satélites artificiales.

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