Me han contado un chiste muy bueno. Al principio me he reído con verdaderas ganas, pero después me ha dado que pensar y ha llegado incluso a preocuparme. Primero, la chanza. No tiene desperdicio. Reza así.

Están Bin Laden, Obama y Zapatero en espera del Juicio Final. Jesucristo decide despachar a los tres rápido, y les cita juntos. Nada más llegar, Bin Laden le pregunta a Jesucristo; “¿Qué va a ser ahora de mi pueblo?” Y Jesucristo le mira y le contesta: “Tu pueblo será arrasado por los americanos, perderéis todo el petróleo que podáis tener y moriréis en el olvido” Ante estas palabras, Bin Laden rompe a llorar desconsoladamente.

Obama, intrigado, le hace la misma pregunta a Jesucristo. “¿Qué va a ser ahora de mi pueblo? “ Y Jesucristo le mira y le contesta; “Tu pueblo perecerá arrasado por la potencia militar y nuclear de China. No quedará piedra sobre piedra”. Ante estas palabras, Obama rompe a llorar desconsoladamente.

Llegado el turno de Zapatero, éste decide realizar la misma pregunta; “¿Qué va a ser ahora de mi pueblo? Y Jesucristo le mira y rompe a llorar desconsoladamente…

No está mal, pues algo de gracia tiene. El problema surge cuando te percatas de que no es un chiste. Es la puñetera realidad…

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