Desde que santa Elena estuvo recogiendo reliquias en tierra santa, el culto de las reliquias es habitual en el catolicismo. El útimo Catón de Matilde Asensi, trata sobre una de las reliquias más veneradas: la VERA CRUZ. Este es el fondo del último Catón de Matilde Asensi.

La reliquia de la Vera Cruz, hallada por santa Elena, es para los creyentes, la cruz de madera en la que Cristo fue crucificado, y es venerada por los católicos.

Aunque se ha intentado silenciar, una serie de reliquias de la Vera Cruz, están desapareciendo en todo el mundo. El Vaticano y otras iglesia cristianas están ocultándolo; son robos sin pistas y limpios, hasta que encuentran el cadáver de un etíope con una de esas reliquias después de un accidente con el avión que huía.

El cadáver tiene unas extrañas escarificaciones y el vaticano propone a una monja, la doctora Ottavia Salina, paleógrafa que trabaja en el archivo secreto vaticano para ayudar al capitán de la guardia suiza vaticana, Kaspar Glauser-Röist, a cargo de la investigación.

La idea de la curia es que la doctora utilice sus conocimientos para llegar a resolver los signos que aparecen en el cuerpo del muerto. Tras estudiar los signos llegan a la conclusión que una antigua secta, casi desconocida que fue encargada de custodiar la Vera Cruz, sigue viva y esta robando las reliquias.

A la investigación se une el profesor Boswell, un cristiano egipcio copto, que junto al capitán encuentran un libro en el monasterio de Santa Catalina en la península del Sinaí, en el que se habla de la secta de los staurofilakes, guardianes de la Vera Cruz, después de la lectura del libro dedican seguir las pistas para poder llegar a la sede secreta de la secta y recuperar las reliquias de la Vera Cruz.

La guía para superar las pruebas es el libro La Divina Comedia de Dante, en su canto del purgatorio, en el que se cuenta como superar los siete pecados capitales y el camino que siguió ayudado por Virgilio.

Los tres investigadores comienzan a seguir el mismo camino que seguiría cualquier postulante de la secta, y cada prueba lleva una escarificación, que les hacen los staurifilakes, siempre escondidos pero siguiéndoles en secreto. El camino es peligroso, y pone a prueba los caracteres y la fe de los tres postulantes, que siguen el camino de la Vera Cruz.

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