¿La última de Pedro Sánchez? Esta pregunta corre como la pólvora por las calles y terminará convirtiéndose casi en el comienzo de chistes y bromas. El motivo no es otro que el patético papelón que el presidente del Gobierno está haciendo desde que llegó al cargo, para no perder la costumbre de su partido, tras una jugarreta legal que le salió bastante mal.

¿Presidente del Gobierno?

Ya parece haberse olvidado que Sánchez estaba en el consejo de Bankia, banco que acaba de fusionarse con Caixa Bank, y que plagió su tesis doctoral. También quedan lejos los tiempos de intentar derogar la ley mordaza del PP. Esta idea se cambió por lanzar a los trolls podemitas contra todo aquel que pensara diferente para tildarle de fascista o de ultraderechista.

Lo malo es que esconder lo que huele mal solo provoca que el hedor sea insoportable. Sánchez es una máquina de mentiras y del ya famoso «no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno» hemos pasado a indultar a independentistas, a acercar a presos etarras, a dar el pésame por el suicio del asesino de Miguel Ángel Blanco (a cuyo homenaje anual sigue sin ir) y a ponerse al servicio de los que quieren destrozar el país y trincar todo lo posible de los próximos presupuestos de la misma nación que repudian salvo para pegarse la vida padre a costa del contribuyente.

Sánchez ha logrado batir el récord de Zapatero y será considerado como el peor presidente de la historia y también como un vil embustero que no se corta al decir que no ha habido confinamiento. ¿Para qué daba entonces la sabatina escudándose en un comite de expertos que jamás existió? Es todo tan dantesco y repugnante que será el tiempo el que juzgue sus actos y, esperemos, que también la ley ya que lo de intentar manejar la justicia a su antojo y mirar para otro lado a pesar de presidir el partido más corrupto de Europa no ha de servirle como licencia para hacer lo que le apetezca. 

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