Es difícil escuchar las noticias o mirar los periódicos sin que en portadas no encontremos las que se produciendo en Túnez y Egipto.

Queremos saber y por supuesto queremos que todo pase para una mejora a las personas más necesitadas que al parecer son los que han dicho !Basta ya!.

Como digo queremos saber las verdades y que ellas triunfen una vez más como ya paso en otros lugares.

No queremos precipitarnos a dar una opinión y para ello nos hacemos asesorar por los mejores espetos del mundo árabe, quien mejor que el prestigioso Jesús Núñez Villaverde, quien en una entrevista manifiesta:

Túnez no tiene un modelo a seguir, para poner en marcha un proceso democrático, ya que no existe ninguna democracia real en el mundo árabe. Los tunecinos abogan por un cambio estructural que impida volver otra vez a atrás, al mismo régimen. Hay entusiasmo pero también inquietud sobre si el proceso será realmente democrático.

La presión de la sociedad ha logrado que el primer ministro y personas ligadas al régimen formen un gobierno exclusivamente de transición para preparar las elecciones, con el apoyo del principal sindicato. Es lo positivo, pero queda por disolver el partido de Ben Alí, con dos millones de militantes. El partido tiene que devolver su poder al Estado. Es la asignatura pendiente.
Mubarak es pasado. Da igual si cae ahora o en septiembre. Está claro que ha fracasado, solo hay que ver su gestión. Toda la sociedad está de acuerdo en su marcha. Desgraciadamente, en todo lo demás está en desacuerdo, lo que genera muchas dudas sobre el futuro. El plan de Murabak de seguir manteniéndose en el poder, o traspasarlo a su hijo Kamal, se ha venido abajo. Los pasos que se han dado hasta ahora, como el nombramiento de Suleiman como vicepresidente, un cargo que no ha existido nunca, hacen pensar en la continuidad del régimen. El Ejército es, a día de hoy, el actor principal. A diferencia de Túnez, en Egipto se estaba llevando a cabo un proceso de sucesión del poder, por tanto no se ha producido una reacción espontánea. Mi hipótesis es que el Ejército está consintiendo esas movilizaciones para debilitar definitivamente a Mubarak y poder imponer su candidato.

Desde que Egipto como un Estado moderno, todos los presidentes, desde Nasser pasando por Sadat al propio Mubarak, han sido militares. Y ahora Mubarak ha querido llevar adelante un plan que no cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas para que su hijo le suceda. No estamos hablando realmente de un cambio democrático, sino de un cambio de caras dentro de un régimen. Caras más amables, más aceptables desde la perspectiva de la comunidad occidental, pero no necesariamente supone un cambio hacia la democracia, que es a lo que debería aspirar Egipto, Túnez y el resto del mundo árabe.

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