Me he sentado a escribirte
con la bendita pluma que redime mi amor,
la que me indulge.
Pero escapa de mí y se diluye
en el sinfín curvilíneo de tu nombre.
Va  buscando los trazos uniformes, parejos
de tu amor desleído,
de tu amor centelleando bajo la tinta negra.
Va buscando tu forma,
la mitigada luz de tus dolientes ojos,
el acentuado brillo de tus pupilas húmedas,
la ruda mansedumbre de tu abrazo impetuoso,
la codicia febril con que  buscas mis besos…
Y estas aquí, escondido en las letras,
detenido en los signos,
retenido en mi mano,
viviendo en esta pluma,
en la adorada pluma,
en la pluma brillante… tu regalo.

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