Uno de los principales problemas de las parejas actuales es encontrar su propio espacio.

Cuando dos personas se atraen suele ser, además de la química y los aspectos físicos, por sus gustos y aficiones comunes. Pero ¿qué ocurre con lo que no tienen en común?

 

Está claro que compartir aficiones con tu pareja es muy gratificante pero no se deben forzar las cosas. Hay que distribuir bien en tiempo entre aficiones en común y aficiones individuales. No hay nada peor que intentar disfrutar del campo, por ejemplo, para estar con tu pareja y pasar un día horrible porque no puedes soportar nada que huela a verde.

 

Hay que imaginarse la pareja como dos anillos entrelazados. Existe un espacio para cada anillo y un espacio común de los dos. Si separamos demasiado los anillos deja de haber puntos en común y la pareja ya no existe, son dos personas independientes. Por el contrario, si juntamos demasiado los anillos, se convierten en uno solo, por lo que tampoco hay pareja, hay sólo una persona.

 

Lo ideal está en el punto medio, hay que tener aficiones comunes y mantener también una parcela propia en la que sólo decidimos nosotros. Esto es lo mejor para fortalecer la pareja y evitar caer en la rutina.

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