Es increíble cuantas cosas nos pasan desapercibidas. Caminamos por la calle, de camino al trabajo, a la facultad, al gimnasio, a hacer la compra…y pasan por delante de nosotros cientos de personas las cuales con una breve melodía de tu mp3 o un simple estornudo llegas a olvidar por completo. La obcecación de la gente en si misma hace que el propio egoísmo sea el que haga que no prestes más atención que a lo que verdaderamente te importa. Tu rutina diaria. Tus cosas. Tu mundo.

 

Tienes a tu perro enfermo y estas preocupado, saliste de fiesta anoche y te lo pasaste de miedo, te vas a comprar un coche, estas enamorado de esa chica, tienes un carácter que te hace especial, te ríes cuando recuerdas momentos especiales…ese es tu mundo.

 

¿Has intentado salir de él alguna vez?

 

Miras el reloj y te das cuenta de que si el próximo semáforo se pone en rojo ya no vas a llegar a tiempo a la entrevista de trabajo. Todo por quedarte diez minutos más en la cama pensando en cualquier cosa que te anime a abrir los ojos y poder así comenzar el día. Si que empieza bien, si. Un hematoma acompañado de su correspondiente hinchazón en la frente será lo mínimo que te saldrá nada más levantarte del leñazo que te has pegado al resbalarte en la ducha. Pones el pan en la tostadora y sales escapado hacia el aseo a peinarte y adelantar lo que puedas, porque igual llegas algo tarde. 10 minutos frente al espejo. Aun mojado, ese grupo radical de pelos en la parte izquierda de tu cabeza se hace imposible de disolver y continúa de “manifestación”. Va, un poquito mas de gomina…te dices por octava vez. ¡Joder, acabaré sin pelo!

 

Un intenso y cabreante aroma característico que indica que las tostadas se han quemado por completo entra por la puerta del aseo, desafiante. Verdaderamente sigues igual, ¿todavía no sabes que todos esos insultos que sueltas al instante como en muchas otras ocasiones no sirve de nada? Se va cerrando la puerta del ascensor mientras piensas en qué te habrás dejado esta vez. ¿El móvil? ¿Tal vez las llaves de casa? ¿He cerrado con llave?

 

Una foto en tu portátil de aquella chica con la cual pasaste tus mejores momentos y el propio recuerdo es lo único que queda de esa relación. Has pensado mil veces en olvidar por completo y comenzar de nuevo con otra persona, pero esa canción que escuchas en ese instante te recuerda a ella en cada palabra. Ves a una chica en la parada del autobús con los mismos pendientes que le regalaste en su cumpleaños. Hueles otra vez la colonia que utilizaba. Hay momentos, que hasta cualquier cosa que no pudiera tener ninguna relación con esa persona la tiene. ¿Por qué ha tenido que ocurrir de esta manera? Sabes que has tenido la culpa de todo. Acaricias su pelo suave con la mano izquierda mientras que cualquier cosa que dices la hace feliz. Abrazada junto a ti deja escapar un dulce resoplido como respuesta a su estado de comodidad. Eso ya acabó, hazte a la idea de que eso, no volverá a ocurrir. ¿Te mereces pasar por esto? Lo piensas durante varios minutos.

 

La esencia de la persona aparece en el momento en que nace. A lo largo de los años esa esencia encuentra nuevos aromas que combinarían perfectamente con esa forma de ser. En cambio, la vida te va enseñando que algunos de esos “aromas” lo podrían echar todo a perder. Cuando llegas a ser consciente de que vas añadiendo simplemente los buenos y los malos los vas desechando, has de felicitarte. La esencia de esa primera persona se ha convertido en un perfume único y embriagador del que puedes estar completamente orgulloso. Tu carácter optimista te hace diferente, especial. Cada cosa que sucede en tu vida, por muy negativa que sea, tiene un punto positivo e incluso puede resultar gracioso. Continúa así.

 

Tras ese gran escaparate acristalado se encuentra la mayor independencia que lograrás hasta ahora. Una forma diferente de llevar la vida y porque no de darle un giro por completo. Hasta el momento has tenido que fantasear con algún anuncio en la tele o con esa imagen de una revista que te hace quedar hipnotizado añadiendo una mueca de felicidad en el rostro. Por fin vas a tener tu propio coche. Nada más sentarte en esas incómodas sillas de cuero que suelen haber en la mayoría de concesionarios y comenzar a hablar con el responsable de ventas sobre el que será TU coche, empiezas a notar esa brisa que recorre tu cara, las manos al volante, un cd de música que muchas horas de descarga te han llevado y esas provocadoras gafas de sol que solo tú puedes llevar. Un mazo de hierro de veinticinco mil euros te hacen despertar. ¿Tanto dinero? A pesar de las facilidades de pago que te permiten sabes que te estás metiendo en aguas turbulentas. En breves segundos tu sueño se ha quedado en esa incómoda silla de cuero.

 

¿Esas son tus mayores dificultades? A tu propio juicio siempre te pasa lo peor, piensas que la vida no es justa contigo, dudas de ser feliz. Cuanta de esa gente que en la que ni siquiera te paraste a mirar tendrá un hijo con problemas, un familiar habrá muerto recientemente en accidente de tráfico, el banco le vaya a embargar su casa, tiene una enfermedad terminal… no te importa, o mejor, prefieres que no te llegue a importar, porque tus problemas no te los resuelve nadie. Si esa gente con esos verdaderos problemas son capaces de seguir adelante, ¿por qué no lo vas a hacer tú?

 

Sin llegar a conocer de nada cualquier persona, estoy completamente seguro que la mejor manera de hallar su propia felicidad sea hallando la felicidad de aquellos que le rodean. Esto va más allá de familiares y amigos. ¿Se puede hacer feliz a una persona que no conocemos de nada? El mundo actual, y cuando digo mundo actual hablo de todas las personas, ha llegado a dejar de lado los valores colectivos de la gente, a crear un interés por lo personal y lo propio, al desinterés por lo ajeno. Es el mismo mundo el tuyo que el de cualquier habitante del planeta, incluso que el del vecino estúpido del 4ºB o aquella preciosa chica de la facultad. Continuar pensando que nada de lo que te ocurre tiene que ver con otras personas o que tus acciones no influyan a nadie es pura ignorancia.

 

Siente el deseo, la llamada o como quieras llamarle, de crear y añadir a tu repertorio el valor que tienen las personas. Deja de ser “tu” y empieza a ser “todos”. Hacer sentir cómodo a alguien que poco o nada tiene que ver contigo es de las mayores satisfacciones que uno se puede llevar. Deja de pensar que ese detalle que no has tenido con esa persona no lo va a tener en cuenta o que no le hubiera ayudado para nada. Muestra a todos que aquello que eres lo entregas por completo. Quedas invitado a formar parte de la sociedad.

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