Nuestras vistas se cruzaron, allí estaba mi reflejo, en el espejo de tus profundos morichales.

La brisa vespertina con sagaz atrevimiento se deslizó entre tu pelo cual sabana laqueada.

Me sentí idiotizado, era tu boca seductora que me había hipnotizado.

Deliraba por acercarme a desdibujar tus cejas espigas castañas, con la punta de mis dedos.

Un destello soñoliento iluminó mis pensamientos, me vi frente a ti juntando nuestras mejillas.

Esperaba desesperado una ligera caricia de tus milagrosas manos, con eso me inundarías de amor.

El pináculo de tus pechos protuberancias delicias, absorto me contenía.

Tus besos me elevaron hasta el cielo, me llevaron a la gloria, tu eres lo que deseo.

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