tristeza

Tristeza como estás

En la mañana de hoy, aún lamento la desilusión de ayer, en lo que fue una derrota para mis aspiraciones de alcanzar una meta largamente madurada, en la que había invertido mucho tiempo y esfuerzo. Hoy apenas abro mis ojos, siento que la tengo pegada a mí como una espora, apretujada, pegada, tal cual la anoche de anoche la dejé, cuando me obligué a dormir tras conocer el resultado adverso de mi gestión, en la cual no es necesario entrar en detalles.

De hecho la tengo aquí; asida a mí, con pertinaz obstinación, suave, delicada, convertida en una segunda piel, diciéndome en voz baja que a partir de ahora estaría conmigo donde quiera que fuera, durante el tiempo que sea necesario.

La identifiqué inmediatamente, éramos viejos conocidos, no es esta la primera vez que nos encontramos, ni la primera que se anuncia, tomando su lugar tácitamente, sea cual sea el motivo que la atrae y la hace aparecer, siempre se toma un tiempo para dejarme en paz, tenemos que estar de acuerdo, en que tiene que transcurrir un tiempo necesario para saber de qué se trata y luego aceptar la resultante; para cuando eso ocurra, ella; se irá tal cual apareció, en el entendido de que jamás será para siempre, sino hasta que se presente una situación del mismo tenor.

¡Hola tristeza! Vieja conocida, sé que has llegado decidida, con tu rostro lúgubre a posicionarte de mí todo el tiempo que puedas permitirte. Pero escucha; no pienso pelear contigo, aunque no seas la visita más agradable para recibirla en casa y tus maletas tan pesadas que trabajo me cuesta soportar en esta como en otras oportunidades. Sin embargo; sé que tienes razones para visitarme. La experiencia me ha enseñado que nada ganaría con pelear contigo, por más que me resultes insoportable, mientras más te combata, más te aferrarás a mí. Por eso; sé bienvenida, acomódate a tus anchas, ya veremos cuanto tiempo nos soportaremos. ¿Qué tienes que decirme?

el dolor

No trates de engañarme

Te miraré sin pronunciar palabra, mientras te pones cómoda, estás muy serena y distendida, lo que me hace pensar que necesitas ese andar reposado para desempacar y mostrarme lo que traes en tu equipaje. Tratando de engañarme, sin mostrarme los matices que van del negro a los tonos grises, la desesperanza del primero y el opaco del segundo que representa tan solo abatimiento, la opacidad tristona del desamparo y el tono plomizo del pesimismo.

Sonríes comprensiva y me ofreces la fuente de las lágrimas, susurrante me dices, recuéstate en mi pecho y llora dulcemente, te sentirás mejor. ¡Las probé ayer, amargas, tétricas, vacías! Sin embargo dejé salir las mías, ellas eran diferentes, había menos dolor, me supieron a humildad.

Hoy quiero compartir contigo tristeza, nunca serás la atracción de la fiesta, porque eres la negación de la alegría, acepto que eres una compañera fiel, oportuna en los instantes menos afortunados, cuando no sentimos verdaderamente lo que no somos capaces de entender.

Por cierto; amanecerá y veremos, intuyo que tal vez te hayas ido y me encontrare con el mundo real, luz, color, optimismo y un nuevo comienzo.

mancha1

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