TRISTE EQUIVOCACIÒN DE UN HOMBRE.

 

Que tristeza, mi dio de ver un día, a un hombre que decía, que no creía en Dios.

Arruinado, golpeado por la vida, y a un me repetía, que pa èl no existía Dios.

Sus palabras, blandieron cual espada, que hirieron a mi alma, cual filo de un puñal.

Vi en sus ojos, el frió de su mirada, como si naufragara, allá en medio del mar.

Coro.

Yo le dije, que estaba equivocado y el me miro con firme decisión.

Luego dijo, apuntando con su mano, que el equivocado allí ese era yo.

Coro.

Y sonriendo, se dio la media vuelta, sin saber que la muerte, se movía a su alrededor.

 .

Yo no puedo, hoy creer todavía, lo que ese hombre decía, blasfemando de Dios.

Sus palabras, se oyeron tan vacías, que el alma me dolía, solo escuchar su vos.

Sentí su alma, vagando en las tinieblas, que sentí mucha pena, y ganas de llorar.

Vi tan fuerte, cerrada aquella puerta, que ni con todas mis fuerzas, la pude derrumbar.

Coro.

Yo le dije, que estaba equivocado, y el me miro con firme decisión.

Luego dijo, apuntando con su mano, que el equivocado allí ese era yo.

Coro.

Y sonriendo, se dio la media vuelta, sin saber que la muerte, se movía a su alrededor.

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