Las aperturas económicas es abrir las puertas a los productos extranjeros con cero impuestos, conocidos como aranceles, o muy bajos, con la idea de retar al mejoramiento a la producción nacional

Las aperturas económicas para mejorar la competitividad de los países, es el argumento fuerte para entrar en la onda de los tratados internacionales de libre comercio.

Como la idea es mejorar la competitividad, la forma equitativa de hacerlo, es con países con desarrollos similares a los nuestros, o por lo menos que los medios nos permitan alcanzar en el corto plazo un equilibrio, cosa que no seamos arrasados, sin opción del largo plazo.

Generalmente los gobiernos de los países de las famosas “economías emergentes”, que son las que han logrado alguna estabilidad económica por su juiciosa política fiscal de no gastar más de lo que ingresa, y por el grado de crecimiento en su capacidad de producción de bienes y servicios, sin importar el origen de la inversión, que casi siempre es extranjera, son las que consideran que el acceso a los grandes mercados es la salvación.

Los tratados de libre comercio entre gigantes y economías emergentes plantean interrogantes de equidad, porque los primeros desarrollan ciencia que produce tecnología aplicada para producir con mejores instrumentos llamados bienes de capital, dígase equipo apropiado, los segundos por lo regular benefician materias primas para el intercambio comercial.

El término beneficio apunta a procesos menos especializados de colocar en condiciones apropiadas la materia prima para su exportación, lo que le da un valor agregado de trabajo menor, recibiendo por lo tanto valores bajos en relación a los bienes de capital.

Lo ideal antes de las aperturas económicas, es abrir primero las puertas nacionales entre estados, provincias, municipios, departamentos, para fortalecer la propia producción con el consumo interno.

De hecho nuestro ministro de hacienda, hablando de Colombia, informó que los efectos de la crisis Europea, no afectaron demasiado nuestra economía, por el consumo interno, hecho que reafirma un poco mi humilde comunicado anterior.

Pero lo que realmente sucede es lo contrario, nos vamos lanzado no sé con que propósitos a la quimera de conquistar mercados de gigantes en toda la extensión de la palabra, entregando el mercado interno en bandeja de plata.

También es cierto que llevamos demasiados años con los buenos propósitos de ser más competitivos, sin resultado alguno, dependiendo de vecinos comerciales muy importantes que nos compran gran parte de nuestra producción.

Las políticas de mejoramiento continuo requieren de destinaciones representativas de presupuestos para ciencia que produzca tecnología aplicada, no ahora para los retos del presente, encima sin poderlo atajar, si no para el futuro.

Claro está, que los gobiernos sometidos a las presiones de las diferentes fuerzas que serán las que sacaran grandes dividendos, no tienen más remedio que firmar los tratados de libre comercio.

Los gigantes necesitan salir de existencias represadas en el consumo nacional y que mejor que buscar mercados en las economías emergentes y las que no lo son, para ello las multinacionales juegan un papel vital.

Es cierto que no nos debemos cerrar al mundo, pero la apertura económica poco tiene de lo más valioso, el conocimiento y la ayuda para obtenerlo a precios competitivos, éste no está a disposición ni en la aldea virtual del internet.

Uno de los efectos que debemos esperar sin pecar de pesimistas es el deterioro de la producción nacional, con las consecuencias de desempleo y deterioro de la calidad de vida.

Otro efecto que debemos esperar es la resignación a las promesas incumplidas de mejoramiento con base en el fortalecimiento de la investigación, suceso de generación en generación.

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