Trampa y fraude. El caso VOLKSWAGEN

Trampa. Fue Jorge de Oteiza quien logró mejor que nadie hacer un profundo elogio de la trampa. Podemos resumir el razonamiento del escultor guipuzcoano de la siguiente manera: la persona es el cazador. El arte es la trampa. Y el artista es el trampero, el que construye las trampas para cazar. La caza depende de las épocas. El cielo, la tierra, los Dioses y las Diosas, la esperanza…

Fraude. Cuando el dinero se convirtió en el objeto principal de la caza, la persona dio un salto de la trampa al fraude. No es lo mismo trampa que fraude. La primera tiene como objetivo la supervivencia; vivir bien a cuenta de los demás, el segundo

El caso VOLKSWAGEN. Los fabricantes de coches Volkswagen pertenecen al segundo grupo. Los han pillado haciendo trampas, por lo que se han visto obligados a confesar que han cometido un gran fraude: han estado manipulando durante 7 años las pruebas para las emisiones contaminantes de sus vehículos diesel por medio de un software fraudulento que permitía a los coches identificar cuándo se estaban midiendo las emisiones y alterar así sus resultados.

La marca VOLKSWAGEN no es una marca cualquiera; el escándalo es probablemente uno de los mayores en su historia; han confesado que lo han hecho a propósito, con conocimiento de causa. No han esgrimido excusas ni errores involuntarios. Las consecuencias del fraude y de la consiguiente confesión serán fatales. La bolsa ya ha sufrido el primer batacazo. La industria del automóvil caerá seguramente en el pozo de la desconfianza... «No hemos jugado limpio », ha afirmado uno de los dirigentes. «Responderemos de todos los perjuicios ocasionados» ha dicho otro. La confesión de culpa y el consiguiente propósito de enmienda delatan el tamaño del fraude.

Después de haber originado tamaño follón, serán los propios defraudadores los que, a pesar de todos los pesares, sufran menos daño. Venderán menos coches. Deberán aflojar la bolsa ante los perjuicios causados. Tendrán que reducir la producción en un futuro próximo. Pero, de una forma u otra, el defraudador saldrá a flote.

Serán los trabajadores quienes sentirán en el cogote el aliento del desempleo. O los que se quedarán sin trabajo.  Si quieren sobrevivir, tendrán que hacer trampa en el supermercado, o en el encendido de la calefacción o en la toma de la corriente. No les hablemos entonces de leyes y medioambiente.

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