En una misteriosa vereda de un muy alejado municipio de Colombia, de su rustica casa y lecho, al amanecer del domingo se acaba de despertar una sencilla y muy joven familia el papá de veinte años, la mamá de diecisiete años y su pequeño hijo de dos años; la mamá apresurada corre a tibiar el desayuno un tinto y un pan y el padre sin quitarse aun  la última lagaña, apuña y  acaricia un arma de fuego que guardaba debajo de su colchón,  herencia de su difunto padre; de pronto el  niño se levanta y con una risa saluda a sus progenitores, lo que adolece el alma de la muchacha y corre a su encuentro para brindarle un poco de alimento, pero rebelde su hijo no quiere comer por  lo que la joven insiste y empieza su cacería a fin ingiera un poco de comida; mientras tanto el joven Pedro hace caso omiso a la lucha de su compañera para alimentar a su hijo y con la misma inquietud de su hijo sigue jugando con su arma; pero de un momento a otro un ruido desolador y de dolor se escucho y la joven Nayalies contenta al haber por fin logrado haber dado el primer bocado de comida a su hijo, sonriendo se postra a los pies de su pequeño y empieza un largo sueño, diciéndole el menor mami no te duermas.

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