dolorosa

TRAICIÓN Y CAIDA SIN RETORNO


Que tiene esa música esta noche, que me recuerda un poco del pasado que me re… y así sonaba y sonaba aquella vieja canción que tenía grabada en un CD, que Marga me había regalado, cuando estábamos juntos. Mi vaso estaba mediado de whisky con hielo, en este momento ya me encontraba un poco achispado, estaba sentado por decirlo de alguna manera, más bien echado sobre una poltrona acolchada en la que normalmente disfrutaba de la televisión.

Presagio

Tenía los ojos cerrados, la salita estaba en penumbras, nos encontrábamos solos aquí mi vieja canción y yo; que seguía sonando ininterrumpidamente; que me recuerda un poco tu cari… Dos lágrimas silenciosas brotaron de mis ojos y corrieron sin pausa hasta mis labios donde las percibí saladas y acres, sería tal vez, por los recuerdos que se atropellaban en mi mente. En ellos veía la imagen desdibujada de mi amada, su ira, su rabia, echándome en cara mi traición, traición de la que me arrepentía dolorosamente y que infortunadamente en mal día se me ocurrió hacerlo por un perentorio deseo de la carne.

Marga; esa mujer sencilla, hermosa, que llenaba mis días no merecía una traición ultrajante como la que le infligí. Cinco años juntos, placenteros, plenos, gozando nuestro amor sin sombras hasta la inexplicable estupidez de revolcarme con su amiga del alma, una mujer exótica, explosiva, de redondeces voluptuosas. Esta mujer Laura, tenía años que se había ido del sector donde vivían como vecinas, en el ínterin de su ausencia por varios años, Marga y yo nos enamoramos y nos casamos. Un día cualquiera reaparece Laura y se inserta en nuestras vidas casi sin darnos cuenta.

Deseos inconfesables

Desde la primera vez que nos conocimos, esta mujer despertó en mí una multitud de deseos inconfesables, que hacían que mi sangre se inflamara de forma inusual, era un deseo animal de poseerla que rayaba en insania. Ella por su parte no era ajena a la pasión desbocada que provocaba en mí. No le desagradaba, por el contrario espoleaba con gestos y medias palabras la misma, lo gozaba hasta hacer con su actitud que por recato, yo no traspasara el respeto que sentía por mi mujer. Marga; con esa intuición maravillosa de todas las mujeres, presentía lo que pasaba entre Laura y yo.

Laura siempre se encontraba en nuestra casa, por cualquier pretexto, lo cual hacía más incomoda esta situación. Mi mujer empezó a observarme furtivamente, yo; sin darme cuenta alimenté sus sospechas, en mis largos silencios sentía el peso de la mirada de Marga. Ella un buen día sin previo aviso me dijo: Alberto me gustaría saber que tanto te gusta Laura- Pegué un respingo por lo inopinado de sus palabras, sentí correr por mi espalda un sudor frio- -Mi amor, ¿Qué dices?- ¡Tu sabes de que hablo! No me hagas pasar por idiota- ¿entonces?

El reclamo

-Mi mente corría afiebradamente buscando una respuesta válida, para ella –Marga, porque dices eso- ¿Estoy equivocada? –Contesté- por supuesto mi amor- Se quedó mirándome en silencio, tenía una mirada dolorosa, sus ojos estaban brillantes prontos al llanto- Luego- Volteó bruscamente y salió de la sala- Las cosas continuaron en un opresivo silencio. Laura se volvió más atrevida, yo hacía mutis, no quería problemas con mi esposa, la amaba demasiado para arriesgarme a perderla. Sin embargo; dicen que cuando uno va a caer no ve el hueco, así pasó desgraciadamente para mí. Un buen día llego a casa y Marga no está, encima de la mesa del comedor encuentro una nota suya: Alberto estoy en casa de mi madre, cosa de una hora y media tal vez, espérame para cenar juntos. Te amo. Marga. Bien, procedo a bañarme, al salir del baño me estoy dirigiendo al cuarto para vestirme, cuando tocan a la puerta. Aún envuelto en la toalla me dirijo a la puerta de entrada y ¡oh! Es Laura, más provocativa que nunca, con un vestido rojo que se ceñía a su cuerpo como un guante, mi corazón se desbocó, mi sangre corría como un rio de lava.

La consumación de la traición

¡Hola! Alberto que tal, y Marga- yo farfullé- no está- La voy a esperar si no te importa- por supuesto que no, contesté- pasa y siéntate, disculpa voy a vestirme- partiendo raudo a vestirme- Mil pensamientos pasaron por mi mente- de repente siento un roce a mi espalda- volteo, y ahí está ella Laura, con una sonrisa y una actitud que eran un poema de lo que deseaba- Mi mente se nubló, mis deseos me dominaron, se salió del redil el animal que llevo por dentro y, caí en aquel precipicio de pasión desmedida y con ella la pérdida de mi verdadero amor, el único amor de mi vida.

En esta abominación nos sorprendió Marga, que les puedo decir; pegó un grito desgarrador, puso sus manos en el rostro y salió corriendo. Esto es un erial como lo es mi vida. Ni siquiera tengo el valor de suplicar perdón, un perdón que no merezco.


Mancha1

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