Superando la muerte trágica de mi Labrador

Quizá para algunos sea algo pasajero y sin importancia, pero superar la muerte de tu mascota no siempre es fácil y más cuando dicha muerte fue trágica y traumática para uno.

Tuve un Bouvier de Flandres que estuvo conmigo 9 años y murió en enero del año en curso. Me esperé varios meses para tener otro porque una amiga me prometió regalarme un chachorro de su perra labrador. El caso fue que al final terminó dándome en adopción a la futura Mamá de mi cachorro. Una labrador de 2 años preciosa, amorosa, super inteligente, chistosa y todo la bondad personificada en esa labrador. El trato fue que al momento que entrara en celo, la cruzaría con su novio que era su compañero en su antiguo hogar. A la semana de estar conmigo, le vino el celo. Nos esperamos unos días y finalmente se cruzó. A la quinta semana, le tomamos un ultrasonido y efectivamente estaba cargada y en pantalla se vieron cinco cachorritos.

Mi familia y yo super emocionados, ilusionados y todos felices por la llegada de los nuevos miembros. Pero esa felicidad se vino abajo dos días después.

Saqué a pasear a mi perra como cada noche. La misma ruta de siempre que había hecho con mis perros anteriores por 20 años. Todo bien. Pero cuatro horas después empezó la tragedia. Empieza mi perra a vomitar. Tres veces en menos de 1 hora. Después del último vómito, escucho un chillido espantoso y mi perra empieza a correr despavorida. Se azotó contra la pared y sus extremidades empezaron a paralizarse. Se arrastraba de un lado a otro. Yo gritando a mi familia y tratando de localizar un vet a la 1:00 am. De qué sirve aparezcan nombres de veterinarios y sus números de emergencia si no van a contestar?. El caso fue que hablé con una amiga que adoro porque me ayudó a localizar al dueño anterior del perro y él consiguió un médico. En ese lapso, por teléfono hablé con la doctora que ha visto a mis perros pero ella no hace visitas en la madrugada. Me dijo lo que podía hacer pero nada funcionó. Mi perra ya convulsionada y echada totalmente sin moverse murió a la media hora.

Diagnóstico: envenenamiento. Indagué en la zona por donde había pasado y me enteré que en una escuela acostumbran a poner veneno para ratas los fines de semana. Escuela católica que debe de ser responsable y poner un anuncio del peligro para las mascotas que diariamente circulan ahi. Apareció otro perro muerto después en esa misma zona.

Mi perra no se merecería esa muerte. Solamente la disfruté 59 días. Si su destino sería morir con tan solo dos años de edad, esa no era la forma y más que era una ejemplar que se desvivió por complacerme a mi y a mi familia. Muy amorosa y obediente. No es justa su muerte. No tenía que ser así. Más dolor cuando estaba a solo tres semanas de dar a luz a sus preciosos hijitos.

Su muerte ha sido un sentimiento que me ha dolido en lo más profundo de mi ser. Cuando tus mascotas mueren por enfermedad o vejez lo asimilas, lo aceptas y quizá lo logras superar, pero morir por envenenamiento y ver la manera que sufrió, es simplemente desgarrador y traumático.

Es increíble cómo se puede querer tanto a una mascota en un lapso tan corto de convivencia.

Gracias a ti, lector, por tomarte un tiempo para leerme.

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