Una triste realidad que vemos cada día más  especialmente en países en desarrollo. El trabajo infantil no solo se ha convertido en fuente de ingreso para familias con bajos ingresos económicos  sino también en un sucio negocio de quienes no respetan ni valoran la formación, crecimiento y correcto desarrollo de niños y niñas.

Recientes estudios periodísticos en varios países latinoamericanos muestran como muchas personas están optando por prestar a sus hijos para que otros, incluso los mismo padres los utilicen para pedir dinero en las calles, vender artículos  y en  situaciones  dramáticas hasta  robar. Lo paradójico de esta situación es que muchas personas contribuyen para que esta realidad continúe sucediendo, y su contribución consiste en darles dinero y apoyarlos con la compra de lo que venden; considerando que con lo poco o mucho que les brinden los apoyan. Error que agrava la situación, este tipo de pensamientos son los que están llevando cada día mas niños a las calles a realizar actividades que solo son responsabilidad directa de sus padres.

El clásico pensamiento de las personas que dan dinero o compran artículos a estos niños, es que sus padres se ven obligados a impulsar a sus hijos a las calles por la falta de oportunidades laborales y que si no se les colaboran a los niños  no tendrán para comer. En primer lugar puede ser valido pero no es excusa para hacerlo,  esto a lo único que lleva es a continuar alejando más y más  a los niños y niñas de colegios o centros de educación. Y aunque no estén seguros  la gran mayoría de países brinda asistencia gratuita o  por lo menos  a un costo mínimo pero permisible el acceso a estos centros de educación para pequeños sin recursos económicos, incluso en algunos  de estos establecimientos les ofrecen algo para comer.

Realidad o dureza el apoyo al trabajo infantil está llevando a que países en desarrollo continúen con altos índices de analfabetismo y gente poco preparada. La educación brinda oportunidades, permite que las personas sean creativas, les ofrece habilidades laborales competitivas y lo más importante abre los ojos de muchos ignorantes, facilitando identificar cuando los gobiernos o aspirantes políticos los engañan. Cuando un pueblo tiene educación no se deja engañar tan fácil, la educación les brinda claridad y argumentos para tomar decisiones y no caer en frases bonitas y la típica retorica política.

Apoyar o no a los niños en las calles es decisión de todos, pero antes de hacerlo se debe pensar en esto, la pobreza radica en la falta de oportunidades laborales que están sujetas a competencias en educación, experiencia laboral y perseverancia de las personas para crear sus propios negocios; cuando las personas  tienen conocimiento en algo, han estudiado y se han formado pueden crear empresa y no salir a las calles a hacer parte de las estadísticas de desempleo.  Si los padres de estos niños trabajadores hubiesen tenido la oportunidad de educarse tendrían trabajos, incluso si observamos las familias que obligan o permiten que sus hijos estén en la calle trabajando son familias con muchos niños, lo que quiere decir que no tuvieron educación para conocer métodos de anticoncepción, nunca se les hablo de planificar que traduce esto: cero estudio.

No debemos permitir que el futuro de estos niños sea igual al de sus padres, ellos deben estar donde mejor van a estar en un colegio educándose y formándose para ser futuros empresarios, el trabajo es para adultos y la responsabilidad del bienestar de un niño y niña  depende de los padres y de los gobiernos no de las sociedades.

Apoyar para que esta realidad continúe depende de todos, recuerde el dinero fácil crea conformismo y cierra las puertas a la creatividad.

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