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La manifestación que se celebró el pasado sábado en Madrid congregó a casi 15.000 personas lo que pone en evidencia la creciente repulsa y el rechazo a la llamada "fiesta de los toros" y concretamente al espectáculo terrible y cruel del martirio del animal en el torneo llamado el Toro de la Vega que se celebra cada año en Tordesillas (Valladolid). Esta antigua tradición de lancear al animal de una forma salvaje y cruel hasta la muerte se ha convertido en el icono de la lucha que el partido Animalísta viene llevando a cabo para que en un futuro cercano se prohíban este y otros espectáculos que son una vergüenza para una país que se dice civilizado.

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Tanto el Partido Popular como el PSOE son los responsables que el Toro de la Vega se sigue celebrando y aunque en una reunión con el Partido Animalísta manifestaron entender la petición, han declarado que "no están dispuestos a cambiar hasta que no se vean perjudicados sus propios intereses". Son muchas las personas del mundo de la cultura que han manifestado su rechazo a esta cruel prántica así como otras muchas que aún se dan en nuestro país teniendo al toro como figura central, pero de momento los dos grandes partidos hacen oídos sordos a un asunto que debería estar en primera fila de los asuntos urgentes que este país tiene pendientes.

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Este festejo o torneo funciona de forma que se celebra en campo abierto y no se permiten vehículos, el toro dispone solamente de sus naturales defensas y el torneante a caballo o a pie va provisto de una lanza. Si el toro sobrepasa los límites establecidos para el torneo sería indultado, pero eso no ocurre ya que es lanceado en el costado repetidas veces hasta su muerte.

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El torneo de 2012, se declaró finalmente nulo ya que el toro fue finalmente muerto por dos lanceros fuera del perímetro pese a que las ordenanzas para este festejo dicen que el toro no puede ser agredido fuera de los límites establecidos. Lo que ocurre es que con los ánimos encendidos y las copas de vino se acaba por no respetar nada y el ensañamiento con el toro es cruel y despiadado. Esta última manifestación contra la celebración del Toro de la Vega pone en evidencia una vez más, que hay que erradicar la crueldad y barbarie de estos tristes espectáculos para que las generaciones venideras aprendan que la tortura de un animal vivo nunca puede un pueblo llamarla cultura.

 

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